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Venezuela: siembras groserías y se reproducen

Pepe Piñeiro decía que Venezuela era una tierra tan rica que si sembrabas groserías también se reproducían. Por entonces no imaginaba que alguien le estaría haciendo caso y sembraba la semilla de Maduro.​

Venezuela: siembras groserías y se reproducen
Caracas.
Caracas.

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José Luis Gómez

José Luis Gómez

Fundador y editor de MUNDIARIO, también es columnista de la agencia Europa Press. Tertuliano de TVG y Radio Galega, colabora en La Región. Dirigió Capital, Xornal y La Voz de Galicia. Ex director editorial de Grupo Zeta. Autor del libro Cómo salir de esta. Coeditor del Anuario del Foro Económico de Galicia. Twitter: @J_L_Gomez

De niño y de adolescente, supe lo que es la democracia gracias a los EE UU y a Venezuela. También tuve constancia de lo que era el bienestar y la modernidad debido a esos dos países. Siendo de Brión, un pequeño pueblo cercano a Santiago, casi no podía ser de otro modo. Eran tantos y tantos los que habían hecho fortuna en América que la fascinación planeaba cada verano en cuanto ellos llegaban con sus haigas. Con sus cadenas. Sus trajes. Sus vestidos. Sus zapatos. Y sus regalos para los que éramos de la aldea.

EE UU era ya una gran potencia y una democracia histórica pero Venezuela era mucho más joven en ese sentido. Por eso mismo llamaba más la atención. Tanto, que muchos chavales querían marcharse para aquel Eldorado desde el que llegaban a Brión paisanos que en la taberna de Filiberto mandaban cobrar la ronda de toda la barra.

¿Serían de derechas?, podría preguntar ahora alguien de Podemos. No, eran simplemente de Brión, gente trabajadora y afortunada que se había abierto paso con negocios en Caracas y Maracaibo. Y no eran precisamente de derechas. En mi recuerdo, imborrable, está para siempre el ya fallecido Pepe Piñeiro, que compartía con su hermano Moncho el restaurante El Portón de Caracas, ya desaparecido. José María era socialdemócrata, adeco, y Ramón, más bien de COPEI. 

Supe así que en Venezuela había tres grandes partidos, uno democristiano, otro socialdemócrata y un tercero, el MAS, a la izquierda. Con el tiempo, aquella estructura se parecería a la española, con el PP, el PSOE –al que tanto ayudó Acción Democrática– e IU. Venezuela era un gran país, una democracia joven y tenía, además, una libertad de expresión que aquí se echaba de menos. La revista política Zeta, de Rafael Poleo, que me traía o enviaba Pepe Piñeiro complementaba las lecturas de El Nacional y El Universal, dos grandes diarios de Caracas.

Un país tan rico y con gente tan preparada estará siempre llamado a ser una democracia, sin tanta pobreza ni desigualdad

Fruto de aquel ambiente, estuve a punto de emigrar a Venezuela –fascinado por un país sobre el que sabía cosas que jamás había visto–, del mismo modo que estuve cerca de quedarme en EE UU, pero finalmente quise vivir los éxitos de la democracia en España. Pepe Piñeiro solía decir que Venezuela era una tierra tan rica que si sembrabas groserías también se reproducían. Por entonces no podía suponer que alguien le estaría haciendo caso y sembraba la semilla de Nicolás Maduro. Sin duda, José María jamás se hubiera imaginado con su arrecha metáfora que su Venezuela de haigas, rascacielos y grandes avenidas estaría abocada a ser un juguete roto.

Ni soy venezolano ni he pisado jamás Venezuela, aunque con el tiempo, siendo director de la revista Capital, el régimen chavista me invitó a Caracas. Decliné la invitación del educado embajador de la época, y me quedé sin conocer a los colegas de Maduro que ahora tanto le ayudan en su deriva totalitaria.

Hasta hace poco defendía, tanto en privado como en tertulias de radio y televisión, que Venezuela era una democracia, con más años de vida que la española: la suya data de 1958, tras la caída del dictador Pérez Jiménez. Más de uno, la verdad, me hizo dudar, pero incluso con Chávez seguí confiando en la democracia venezolana. Hoy, con Maduro, ya no. Pero Venezuela volverá a ser una gran democracia y un gran país, porque tiene todo para serlo: riqueza y, lo que es más importante, personas preparadas. Ahora bien, que nadie le haga caso al pana de Pepe Piñeiro con eso de cosechar groserías... que con Maduro ya basta. @J_L_Gomez

 

Henrique Capriles y Nicolás Maduro.

Henrique Capriles y Nicolás Maduro.

Entre Capriles y Maduro

Henrique Capriles, el gobernador del estado Miranda, es un socialdemócrata dotado de una gran capacidad dialéctica, cuyo discurso político suele contener también análisis económicos. Es probablemente el líder opositor que más habla de economía y de la vida de la gente. A la parte política suele replicarle el propio Maduro con su proverbial demagogia. En cambio, desde el régimen rara vez entran a analizar el fondo de los problemas de un país rico en el que la gente es pobre. Ahí hay algo que no casa, salvo para Maduro.

El chavismo gobierna desde 1999, diez años después del Caracazo que le hizo ver al mundo la miseria de Petare. Pero, casi veinte años más tarde, Petare sigue estando ahí, inmerso en una severa pobreza que amenaza cada vez a más gente. Ni se sabe cuántas personas viven allí –tal vez más de un millón– pero sí que cada semana son asesinados unos 50 venezolanos sin salir del que puede ser el poblado marginal más grande de América Latina. Un fracaso del bipartidismo y del régimen de Maduro.

Capriles sigue creyendo en la caída de Maduro, y no solo por razones políticas. ”Tenemos una economía que no produce prácticamente nada y un dólar paralelo que sobrepasa los 18.000 bolívares. Y tenemos una economía dolarizada.” Un modelo insostenible.