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La tragedia del Prestige deja luces y sombras quince años después

Se hundió el Prestige, naufragó Galicia, las costas se tiñeron de luto y fueron días difíciles para propios y extraños.

La tragedia del Prestige deja luces y sombras quince años después
Voluntarios en la tragedia del Prestige. / Greenpeace
Voluntarios en la tragedia del Prestige. / Greenpeace

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María Cadaval

María Cadaval

Doctora europea en economía. Profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Columnista de MUNDIARIO.

Cuando se cumplen 15 años de la tragedia del Prestige conviene echar la vista atrás. Aquel miércoles 13 de noviembre del 2002 a las 15.15 comenzaba uno de los episodios más negros de la historia de Galicia. Saltaron todas las alarmas por un petrolero en apuros, que tenía el largo de dos campos de fútbol e iba cargado con casi 77.000 toneladas de fuel oil, por la autopista del mar que pasa frente a Finisterre, a escasas millas de la Costa da Morte. Las primeras señales de SOS cogieron desprevenidos a las autoridades y la falta de un plan preconcebido  hizo que tomasen decisiones pueriles y arriesgadas que llevaron al pecio de excursión hasta  el “quinto pino”, donde se hundió. A estas alturas ya no tiene sentido valorar si esa fue o no una decisión acertada –los entendidos dicen que no–, pero sí recordar lo que pasó después, cuando el fuel no solo no se solidificó en el fondo en “forma de adoquines” ni los hilillos eran de plastilina, sino que la marea negra lo inundó todo.

Se hundió el Prestige, naufragó Galicia, las costas se tiñeron de luto y fueron días difíciles para propios y extraños. ¿Quién no recuerda la imagen de la desolación en los rostros de la gente? , una vez más cientos de miles de toneladas de fuel llegaban a las costas gallegas, provocando la reacción de una gran marea blanca para hacer frente al chapapote. Durante días, semanas y meses los voluntarios estuvieron limpiando la costa, al principio, con sus propias manos, después con más medios y nació la parte positiva del asunto: el despertar de la conciencia ciudadana y el movimiento Nunca Mais, después fue capitalizado por algunas fuerzas políticas.

 

La foto del Prestige de Xurxo Lobato que ya ha hecho historia.

La foto del Prestige de Xurxo Lobato que ya ha hecho historia.

 

El Prestige no fue el único accidente de estas características frente a las costas de Galicia, los mayores recuerdan los ocho anteriores: el  Janina en 1957, el Yanxilas en 1965, el Spyros  Lemo en 1968, el Polycomander en 1970, el Urquiola en 1976, el Andros Patria en 1978 y el Mar Egeo en 1992. ¿Será el último?. Por el corredor de Fisterra circulan más de 40.000 buques al año. La autopista del mar con más tráfico del mundo junto con el Estrecho ve pasar ante sí todo tipo de embarcaciones, algunas todavía de las características del barco hundido. Esto, las condiciones climatológicas adversas  de la zona y algún otro factor exógeno, hacen pensar que habrá más, pero ¿será igual? No debiera porque el relato del Prestige tiene las dos partes de una moneda.

La cara podría estar en la mayor y mejor dotación de medios materiales para hacer frente a una nueva catástrofe: barreras anticontaminación, remolcadores, aviones, etc., y también una planificación con coordinación y mando único predeterminado. Una normativa más estricta en Salvamento Marítimo, junto con el doble casco exigido por la UE para los nuevos pecios. Un conjunto de infraestructuras nuevas, como premio de consolación, contempladas en el Plan Galicia, concebido para aplacar las protestas por la caótica gestión del gobierno. Se ejecutó el puerto exterior de A Coruña, aunque sin las infraestructuras complementarias que lo doten de sentido, ni la canalización de la red de gas fuera de la ciudad. Se remató la Autovía del Cantábrico, y alguna otra infraestructura importante, pero pronto la ministra Magdalena Álvarez se encargó de dinamitar lo que faltaba por adjudicar, dejando incompleta la ejecución del Plan.

La cruz la constituye todo lo demás, lo prometido y que no está, el eje atlántico Ferrol-Portugal, la conexión con el Ave, el parador en la zona cero de Muxía y, sobre todo, la falta de una regulación mundial para un problema global que lleva ralentizando los juicios, la asunción de responsabilidades y que complica hasta el extremo el cobro de las indemnizaciones.

Mientras un petrolero pueda navegar con bandera de las Bahamas, registro griego, propietario liberiano, la carga propiedad de una petrolera rusa con sede en Suíza y la aseguradora británica, o lo que corresponda para cada caso concreto en cada uno de estos apartados, resultará imposible que alguien asuma la responsabilidad de un desastre como el descrito. Ahí está la explicación por la cual a día de hoy, después de 15 años, los más de 18.000 afectados todavía no han sido resarcidos de todos los daños y algunos todavía están a la espera de la sentencia judicial para poder cobrar una indemnización que, a todas luces, resultará insuficiente. El fiscal  ha reclamado 4.328 millones de euros –-cifra escasa que no recoge los costes sociales de la tragedia–, de los cuales parece que se podrán pagar un máximo de 1.000 millones, si bien, el proceso va para largo.  Esto por no hablar del tedioso juicio por delito medioambiental que se saldó con la nimia condena al capitán del barco y ningún responsable más.

Todavía queda mucho por avanzar, pero merece la pena acabar con el componente social de la tragedia. La respuesta del voluntariado se recuerda como la mayor revuelta civil espontánea conocida en los últimos años en forma de solidaridad y ayuda. Ojalá no se vuelva a necesitar. @mundiario