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La sociedad civil reacciona ante los desmanes presidenciales de Donald Trump

Las primeras semanas de Donald Trump en la Casa Blanca más parecen el guión de una distopía que realidad cierta. La sociedad está respondiendo con celeridad ante tanto disparate. El último, atribuir a la justicia la responsabilidad de un posible atentado en territorio de EE UU.

La sociedad civil reacciona ante los desmanes presidenciales de Donald Trump
Protestas contra Donald Trump. / RT
Protestas contra Donald Trump. / RT

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Marcelino L. Fernández Mallo

Marcelino L. Fernández Mallo

Economista con larga trayectoria en el sector financiero, fue coordinador del área de Economía de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista. También colabora en otros medios de comunicación y es autor de novelas como A trenza, Klásicos o Pallarega, en lengua gallega, y El Danubio no pasa por Buenos Aires, en lengua castellana.

Semeja como si se hubieran cumplido las fantasías de un guionista de serie B, o las condiciones mágicas de un juego infantil, o como si el mundo hubiese caído víctima del sortilegio de una malvada hechicera.

Pero no, lo que está sucediendo en la Casa Blanca desde el pasado 20 de enero es real y tiene su origen en el ordinario funcionamiento de los mecanismos administrativos de la que se conoce como “democracia más antigua del mundo”. 

Legitimidad contra legalidad

Hillary Clinton obtuvo 2.865.075 votos más que Donald Trump pero el candidato republicano ha sido nombrado presidente de los Estados Unidos. El resultado final fue rotundo, 48,2% contra 46,1%, nada de diferencias de unas pocas centésimas. La candidata demócrata era preferida por una mayoría nítida de estadounidenses a pesar de lo cual es Trump quién ocupa el despacho oval.

¿Dónde queda la democracia? Escondida detrás de un algoritmo de cálculo que se ha elevado a rango de tradición igual que el “trick or treat” de Halloween o el veredicto de la marmota cuando termina de invernar. Es difícil de comprender cómo una ingeniería matemática parida por unos señores 200 años atrás pueda sustituir a la mayoría ciudadana a la hora de decidir el presidente USA. Pero así es.

Las democracias, desde sus más tiernos orígenes atenienses, se basan en un entramado de instituciones creado para garantizar la justa representatividad del pueblo, asegurar un procedimiento de debate limpio y transparente que concluya en una decisión en pos del bien común. Estas semanas de Donald Trump en la Casa Blanca han ignorado los más básicos principios democráticos y el nuevo presidente USA ha gobernado a golpe de orden ejecutiva sin escuchar a nadie más que a su propio ego. Trump actúa sintiéndose poseedor de la verdad absoluta y el conocimiento universal en asuntos de enorme complejidad que él solventa a partir de su individual dogmatismo y respuestas simples a más no poder.

Y así ocurre que en el país donde todo se investiga y analiza, donde se pueden encontrar estudios complejos de cómo la ingesta de pepinillos puede afectar al crecimiento de las uñas de los pies, resulta que los conflictos mundiales gestados por años de actuaciones de múltiples agentes son enfrentados desde la mente aparentemente atrofiada por la ignorancia de un magnate misógino y xenófobo que alcanzó la presidencia por obra y arte de un algoritmo matemático.

La sociedad reacciona

La sociedad norteamericana no ha tardado en reaccionar y cada día se conocen nuevas iniciativas. Las “marchas de las mujeres” han supuesto un primer movimiento masivo con visos de continuidad. Organizaciones científicas como la “American Association for the Advancement of Science” o la “American Anthropological Association” han llamado la atención sobre el impacto nefasto de las “políticas” de Trump para el Ciencia y la Investigación de la primera potencia mundial. Muchas universidades han salido a la palestra en la misma dirección y tanto la “American Association of State Colleges and Universities” como la “Association of American Universities” o la “Association of Catholic Colleges and Universities” han lanzado notificaciones públicas expresando su preocupación. Los medios de comunicación tampoco se han quedado atrás; baste como ejemplo la mención a The Guardian, que ha creado un servicio de seguimiento (acceso desde este link) “día a día” de la actuación de Donald Trump.

Entre las reacciones que he conocido, la del Hospital Tufts de Boston (Tufts Medical Center) me ha parecido especialmente ilustrativa del clima de temor que se ha instalado en la sociedad estadounidense. El Hospital emitió un comunicado interno el pasado día 2 informando de las acciones informativas que se estaban planificando para entender las órdenes ejecutivas del presidente Trump y “cómo responder eficazmente”. Uno de los comunicados enviados a la “comunidad del centro médico” empezaba con el párrafo siguiente:

Una de las fortalezas de nuestro centro médico académico es la diversa plantilla que entra por nuestras puertas cada día. Tenemos colegas de diversos orígenes nacionales, de diferentes credos, géneros y orientaciones sexuales. Cada uno de estos individuos trae consigo sus experiencias, perspectivas y talentos únicos.

Y advertía de que “el hospital Tufts continuará dando la bienvenida y abrazando la diversidad, abogando a favor de este valor americano fundamental” al tiempo que animaba a todos los trabajadores a que transmitiesen a la sociedad la importancia de una fuerza laboral multicultural “para el mejor cuidado de los pacientes, el desarrollo de nuevas terapias y el enriquecimiento de nuestras vidas en el ámbito personal y profesional”.

El Hospital Tufts creó en estos días un servicio de asesoramiento psicológico para aquellos trabajadores que sintiesen una especial consternación por las órdenes ejecutivas de Trump. Esa sensación de temor ante la actitud del nuevo presidente está inspirando una reacción social que podría condicionar el devenir de la legislatura recién inaugurada. Será por el bien de la democracia en el mundo.