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El socialismo europeo sufre un cierre generalizado de filas en su contra

El PSOE es el último de la hermandad en toparse con las espaldas de los votantes, algo que ya ha sucedido en Francia, Italia y Alemania.

El socialismo europeo sufre un cierre generalizado de filas en su contra
Matteo Renzi (centro), exprimer ministro de Italia. / Facebook.
Matteo Renzi (centro), exprimer ministro de Italia. / Facebook.

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

Formado en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, es un comunicador social que colabora en MUNDIARIO, donde también coordina el área de Política. Twitter: @mundiario

La última encuesta de Metroscopia publicada por El País coloca a Ciudadanos como la tercera fuerza política de España una vez el cielo empieza a despejarse sobre Cataluña y Madrid. El partido emergente ha alcanzado ya al PSOE, que viene saliendo de una guerra civil que lo dejó acéfalo durante meses y que, pese a la resurrección de su exlíder Pedro Sánchez  y su apoyo frontal al Gobierno en el desafío secesionista, se ha quedado a cuatro puntos del PP –que sí, que pese a todo no hay quien lo mueva de arriba- y encima se dejó alcanzar por los de Albert Rivera.

En Ferraz la situación les tendrá cuando menos pensativos. Es solamente un sondeo ante unas hipotéticas elecciones, pero a nivel europeo el socialismo está envuelto en un proceso de degradación que se ha extendido a los grandes socios de la Unión Europea.

Italia, por ejemplo, contempla el hundimiento del Partito Democrático. La agrupación empezó su desmoronamiento tras el referendo constitucional llamado en diciembre pasado por el exprimer ministro Matteo Renzi. El exjefe de Gobierno hipotecó su puesto a cambio de una reforma a la Constitución, la cual fue denegada rotundamente por los italianos en la consulta. Hoy, Renzi y sus chicos ya no son rivales ni para los populistas del Movimiento 5 Estrellas. El líder del movimiento, Luigi Di Maio, llegó a ningunear a los socialistas al cancelar un debate televisado con motivo de las elecciones generales de primavera por considerarlos “políticamente muertos” tras las elecciones de Sicilia, en la que los de Renzi sumaron apenas un 18% de los votos, contra 35% de los de Di Maio y un 40% de la coalición conservadora (Liga Norte, Forza Italia y Hermanos de Italia). “Ya no podemos considerarlos nuestros rivales”, le cita la revista alemana Der Spiegel.

Pero las alarmas ya se habían encendido para el movimiento socialista desde que uno de sus faroles, el Partido Socialista de Francia, se sumergió en una espiral de autodestrucción que terminó con la agrupación eliminada en la primera ronda de las elecciones presidenciales de este año. Los del presidente saliente Francois Hollande terminaron incluso por detrás del otro partido histórico del país, el conservador Les Republicans, partido a la mitad por un escándalo de corrupción en torno a su candidato al Elíseo Francois Fillon. De las entrañas socialistas nació Emmanuel Macron, quien desertaría para buscar la jefatura de París por su cuenta, y lo logró. Macron es un emancipado de Hollande, uno de sus mentores y padres espirituales en su carrera política. Hoy en día, Macron se hunde en niveles bochornosos de aprobación, pero a su alrededor aglutina a varios disidentes socialistas, quienes hartos de sus líderes, le acompañaron a buscar la tierra prometida. Atrás, en la tierra de Egipto, los socialistas se ahogan solos con sus carruajes.

La historia se extiende a Alemania, el ogro de la UE. El Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD, Partido Socialista de Alemania) vio venir la tempestad por una nueva e imparable victoria de Frau Merkel y, en un ataque de nervios, cambió de capitán a medio camino. El SPD trajo a Martin Schulz de Estrasburgo, donde encabezaba la Eurocámara, y lo obligó a tomarse la sangre de Sigmar Gabriel, vicecanciller de die Kanzlerin, y cuya imagen se había deteriorado entre el electorado. La maniobra no dio resultados pese al inicio esperanzador de Schulz, un viejo galgo con olfato para los escenarios más complicados. La victoria de la conservadora Christlich Demokratische Union Deutschlands (CDU, Unión Democrática Cristiana de Alemania, el partido de Merkel) hizo doblar la rodilla a los socialistas, que desesperados, tal vez hasta humillados, han hecho un llamado al cierre de filas en vistas del avance de Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania), esa banda de Cids Campeadores alimentada por neonazis. Por mucho que Schulz y la cúpula roja intente mantener el tipo en público, las bases y seguidores han olido la sangre tras los comicios del 24 de septiembre.

El repunte de Ciudadanos, que a todo esto está más cerca de dar el sorpasso de lo que siempre estuvo Unidos Podemos, debería haber despertado las alertas en Ferraz. Así, Europa le muestra la puerta de salida al socialismo, excepción hecha de António Costa (primer ministro de Portugal). El Sol empieza a ponerse sobre el movimiento que rigió el continente durante años. Los Pedro Sánchez europeos tienen mucho por hacer.