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Sánchez y su concepto de España tientan al "Efecto Serendipia", lo contrario de lo pretendido

Introducir cambios substantivos en conceptos esenciales, no sólo de su propia ideología, sino en una concepción de España mayoritariamente asumida, no va a dejar insensible a quienes entienden que es un error, una irresponsabilidad y una incierta aventura lo que acaba de alumbrar el PSOE, por otro lado, confirmado como partido dinástico que no discute la opción republicana.

Sánchez y su concepto de España tientan al "Efecto Serendipia", lo contrario de lo pretendido
El secretario general del PSOE puede llevarse una sorpresa
El secretario general del PSOE puede llevarse una sorpresa

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Profesor titular de la Universidad de Vigo. Periodista y columnista de MUNDIARIO. Es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. Pertenece a diversas asociaciones profesionales y académicas de Europa y América.

Las contradicciones del PSOE son un ejemplo de libro del efecto “Serendipia”: su acercamiento a Podemos y las ocurrencias como lo de “Nación de naciones” pueden provocar lo contrario de lo que se pretende; es decir, lo que no se busca, pero se encuentra: que muchos españoles que desean un país estable dejen de votarlo a favor de Ciudadanos y hasta del PP. Las críticas coinciden en la contradictoria política salida del 39 Congreso: “Rojos” por un lado, cantando “La Internacional” puño en alto (“Ni en dioses, reyes ni tribunos,/ está el supremo salvador./ Nosotros mismos realicemos/ el esfuerzo redentor”), pero que ni siquiera discuten la monarquía, aunque sea formalmente, por otro y rechazan de plano una modesta propuesta republicana. En principio, aplicado a la Ciencia, el “Efecto Serendipia” no es negativo, se asocia a lo que se descubre o aparece cuando se busca otra cosa. Pero en política tiene varias lecturas, y una de ellas es cuando se pretende una cosa y se consigue la contraria o no buscada. Pasa con frecuencia.

Reynaldo Pérez ha analizado las relaciones entre “causa y efecto” de este modo “Los errores o equivocaciones que el ser humano comete siempre vendrán acarreando una consecuencia, esto se relaciona a causa y efecto, o sea la causa es la acción realizada; el efecto es la consecuencia de nuestros actos ya sean positivos o negativos. Cualquiera que lance un búmeran al universo siempre lo tendrá de regreso porque es la Ley de causa y efecto”.

Y en este sentido, lo que el PSOE ha acordado en su 39 Congreso, en cuanto que introduce cambios substantivos en conceptos esenciales, no sólo de su propia ideología, sino de una concepción de España que asumen la inmensa mayoría de los españoles, no va a dejar insensible a quienes entienden que eso es un error, una irresponsabilidad y una incierta aventura.

Callejón sin salida

Pedro Sánchez y quienes lo siguen ha empotrado al PSOE en un callejón de difícil salida. Si las declaraciones han sido mera retórica, sin ir más allá (y en todo caso no debe ir) no van a contentar a los secesionista (verdaderos destinatarios del mensaje, lo que en publicidad se llama “target” o público objetivo). O sea, que se queda en un brindis al sol. Pero si pretende pasar “de las musas al teatro” tiene dos problemas: que con su alianza con los bolivarianos, los antisistema y los separatistas no cuenta con los votos suficientes –y sabe que no contará- para modificar la Constitución, por una parte; por otra, que ya veremos los efectos que sobre la propia existencia del PSOE como partido constitucional tendría ese deslizamiento hacia los abismos, como ha sucedido a otros partidos socialistas de Europa.

Pedro Sánchez arrastra una merecida fama de hombre imprevisible, incierto, que en apenas unos meses afirma una cosa y la contraria, de manera sobrevenida, pero nunca explicada, sobre asuntos que para la mayoría de los españoles no deben ser abordados de manera frívola y precipitada. ¿Quién nos asegura que mañana no dirá lo contrario de lo que ahora afirma? Desde luego, cuenta con un asesor que es el mago de las palabras para lanzar mensaje suficientemente indefinidos como para que unos y otros se contenten con lo que quieren interpretar.

De momento, muchos españoles nos conformaríamos con que nos expliquen cuántas naciones hay en España y cuáles son. Por cierto que la cantinela de que “España es una nación de naciones” se debe a la autoría de Prat de la Riba en 1906, en la obra “La nacionalitat catalana” y la tomaron como propia Francesc Macià o Lluís Companys. Atribuyen al diputado nacionalista Miquel Roca Junyent haberla introducido durante los debates sobre la Constitución de 1978.  La expresión "nacionalidades" se tomó como eufemismo de "naciones" en el artículo 2 de la Constitución.

El profesor Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional, nos aclara con preclara lucidez: “Se pueden dar diferentes versiones del concepto de nación, pero el único que tiene consecuencias jurídicas es el que la considera como el sujeto político en el que reside exclusivamente la soberanía, que por tanto es siempre «nacional». En consecuencia, no es posible mantener que España está formada por diferentes naciones y, sin embargo, defender que la soberanía «nacional» la posee el conjunto del pueblo español. Por lo tanto, el concepto de “nación de naciones” es, a su entender, una extravagancia jurídica como lo fue la inclusión del término «nacionalidad» en el artículo 2 de la Constitución.

La monarquía ni se discute

La otra sorpresa de este congreso es que el asunto de la monarquía, ya fuera para salvar la cara ni se discutió. Fue visto y no visto. Es una postura extraña y vergonzante. Es curioso que este renacer del PSOE que pretende devolver al partido un sesgo de izquierda, al menos gestual (sobre todo en lenguaje no verbal, puños en acto, etc.) ni siquiera hace un pase de salón sobre lo que antes era uno de sus elementos identitarios más acusados.

La cronista parlamentaria Mercedes Herrero escribe: “Queda muy lejos en el tiempo aquella defensa de la República de Luis Gómez Llorente.  Escasos años después él mismo se alejó de la política de escenario y de salón aunque nunca de las ideas y de la acción positiva”.  En este sentido, en la defensa del voto republicano en la comisión constitucional de 1978, Gómez Llorente citó a otro socialista ilustre, Luis Araquistain y dijo: “Hay que desear la República por patriotismo, por españolismo.  La idea de España y la República se confunden.  El problema mínimo de todo liberal español debe ser la República.  Ningún liberal puede ser monárquico en España.  Los socialistas españoles no se hacen vanas ilusiones, aunque sin ellos no habría República y cuando la haya será, principal y casi exclusivamente, por ellos, no ignoran que esa República no podrá ser inmediatamente socialista”.

El PSOE que, según dicen, quiere recuperar los elementos esenciales de su pasado como partido de izquierdas, se deja en el camino parte del propio equipaje.

¡Cómo cambian los tiempos!