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¿Será incierto el destino de los cubanos?, ¿se abre una nueva era para la isla?, ¿qué quedará ahora?

El último sobreviviente de la Guerra Fría falleció el 25 de noviembre de 2016, el mismo día, 60 años después del inicio de la aventura revolucionaria. En medio, el líder autoritario para unos o el gran héroe, azote del imperialismo yanqui, para otros, llena portadas y titulares de prensa.

¿Será incierto el destino de los cubanos?, ¿se abre una nueva era para la isla?, ¿qué quedará ahora?
Fidel Castro y Raúl Castro. / RR SS
Fidel Castro y Raúl Castro. / RR SS

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María Cadaval

María Cadaval

Doctora europea en economía. Profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Columnista de MUNDIARIO.

"Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera)".

Carta de despedida de Ernesto Che Guevara a Fidel Castro.

 

Con una abreviación en inglés de “abuela” fue bautizado aquel yate de recreo en el que un 25 de noviembre de 1956 partieron desde el puerto de Tuxpan, en el Golfo de México, un grupo de cubanos exiliados. Eran 82 “rebeldes” que pretendieron la liberación de Cuba, en manos entonces del “monstruo sanguinario” de Batista. Fidel, Raúl y el Che encabezaron la expedición en una pequeña embarcación, pertrechada con apenas unos kilos de naranjas, jamón, leche, huevos, chocolate y pan. En medio de tormentas propias del mes de diciembre, el barco dio vueltas buscando el faro de Cabo de Cruz, al que nunca llegaron y, en su lugar, el Granma encalló y se hundió. Pero ese ejército de sombras llegó  y, como dijo Fidel, “si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo”. Y…, ¿triunfó?.

El último sobreviviente de la Guerra Fría falleció el 25 de noviembre de 2016, el mismo día, 60 años después del inicio de la aventura revolucionaria. En medio, el líder autoritario para unos o el gran héroe, azote del imperialismo yanqui, para otros, ha llenado portadas y titulares de prensa. Fidel estaba convencido de que había “líderes destinados a desempeñar papeles cruciales en la vida de los hombres” y se erigió en uno de ellos. Aunque hace una década que había pasado el testigo del poder a su hermano Raúl, dicen que las decisiones importantes las seguía tomando él.

No permaneció ajeno a los intentos de apertura que se han llevado a cabo en los últimos tiempos. Estuvo controlando los pasos de la visita del Papa, y el último gran paso que protagonizó Obama. El presidente saliente de los EE UU reabrió la embajada estadounidense en La Habana, visitó la isla, propició que se restableciesen los vuelos directos, y abrió grandes expectativas de cambio. Pero la muerte de Fidel Castro viene a añadir una incógnita más al ya incierto camino que seguirá este proceso después de la victoria de Trump.

Si a la muerte de Castro le damos una lectura exclusivamente en clave interna cubana, el día de hoy podría ser el punto de inflexión que necesitan para marcar el fin de una era en la historia de Cuba

Si a la muerte de Castro le damos una lectura exclusivamente en clave interna cubana, el día de hoy podría ser el punto de inflexión que necesitan para marcar el fin de una era en la historia de Cuba y el inicio de un nuevo tiempo de relaciones con sus vecinos del Norte. Pero ahora la duda también es Trump, que en su campaña prometió revertir el acercamiento, en un alarde de anticastrismo y guiño a los cubanos de Miami. Pero no le bastó sólo con eso y en la elección de su equipo de gobierno parece tener a Cuba como elemento clave. Para muestra, la inclusión de Mauricio Clever-Carone, miembro de Democracia Cuba - EE UU, en el equipo del departamento del Tesoro norteamericano, que tendrá entre sus funciones decidir sobre el futuro del embargo y las sanciones a la Isla, y será clave en la futura circulación de personas y cosas entre los dos países.

Se abre un período de grandes expectativas e incógnitas a nivel mundial, pero también para Cuba. La isla se ha quedado huérfana del “chaleco moral” de su líder y ahora sólo queda comprobar si, como pensaba, “la historia lo absolverá”. A los cubanos se les abren nuevas expectativas, si bien no sólo de ellos dependerá su futuro, sino que la actitud de Washington será determinante en la conducción de su futuro. Se abre una nueva era para la Isla.