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Picardo compara a España con Corea y añora la política de Zapatero para Gibraltar

El ministro principal de Gibraltar teme los afectos del Brexit si España se mantiene firme en cuestiones esenciales para la vida económica de la colonia y exige que las cosas no cambien de cómo están ahora.

Picardo compara a España con Corea y añora la política de Zapatero para Gibraltar
Colas en la frontera.
Colas en la frontera.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Profesor titular de la Universidad de Vigo. Periodista y columnista de MUNDIARIO. Es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. Pertenece a diversas asociaciones profesionales y académicas de Europa y América.

 

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El ministro principal de la colonia inglesa de Gibraltar cree que la política española sobre este territorio es como la de Corea del Norte y que el ex ministro de Exteriores, García Margallo es como Franco. Resulta curiosa que un súbdito de un país que se ha salido de la Unión Europea acuse a España de no cumplir las normas comunitarias sobre la libre circulación de persona y refleja su temor a que, a medio plazo, España tome otras medidas con un territorio que va a quedar fuera de la Unión. Si España aplicara el artículo 10 del Tratado de Utrecht, instrumento jurídico que justifica la ocupación del peñón, la frontera debería cerrarse, pues aquel prevé que la colonia “no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino”.

Picardo ha dicho que nunca esperaron que volviera a estar vigente con respecto a Gibraltar la política de Franco en unas recientes declaraciones a la BBC. El ministro principal echa en falta la política de Moratinos, ministro de Exteriores de Zapatero, quien llegó a visitar la colonia y a retratarse con el anterior ministro principal. Picardo alude a ese pasado y a la política de (Zapatero) Moratinos de no crear problemas, cesar en la beligerancia (reivindicación del territorio) y “trabajar juntos en beneficio de los habitantes de los dos lados de la frontera”.

En Gibraltar temen que España establezca un impuesto adicional de 50 euros al tráfico desde nuestro país, que impida la entrada de materiales de obra (el peñón se estaba ampliando con arena procedente de las dunas de Tarifa) o imponiendo restricciones al tráfico en general, además de imponer restricciones al tráfico aéreo a los aviones procedentes del aeropuerto de Gibraltar, levantado en terreno usurpado a España.

Pero lo que más temen es que España dificulte el control del juego on-line, que se controla desde la isla, pero que en gran medida depende de las líneas terrestres que atraviesan el lado español. Tiene gracia que tras colocar bloques de hormigón con salientes en las aguas (para, según dijo, crear bancos naturales que regeneren la pesca esquilmada por España, aguas no cedidas a Inglaterra) en la Bahía de Algeciras, en las zonas de pesca de los pescadores de la zona, o de no colaborar, sino todo lo contrario, en la persecución de contrabandistas y narcos, Picardo se queje de todo esto.

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Manifestación de pescadores españoles.

 

Al Reino Unido parece interesarle un doblo juego, del que Picardo no es más que un peón secundario: no ceder en nada e invocar a su favor el llamado “Acuerdo de Córdoba de 2006”, sobre facilidades en el tránsito fronterizo y una mesa de diálogo entre Inglaterra, España y la colonia. Un lamentable error que vino a reconocer estatuto jurídico como agente propio al territorio colonial, un grave error no calibrado por Zapatero y Moratinos y que ni los ingleses se habían atrevido a formular nunca de tal modo, por entender que era un asunto a resolver a dos bandas.