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Pedro Sánchez pisa fuerte pero no es ajeno al dilema del prisionero

El líder socialista, ahora sin ataduras internas, insiste en implicar simultáneamente a Ciudadanos y Podemos en la operación de cambio para relevar a Mariano Rajoy. De no ser viable, como parece, confía en salir ganador en las urnas, lo cual indica que ambiciona un anticipo electoral.

Pedro Sánchez pisa fuerte pero no es ajeno al dilema del prisionero
Pedro Sánchez, triunfador en el 39 Congreso Federal del PSOE. / Mundiario
Pedro Sánchez, triunfador en el 39 Congreso Federal del PSOE. / Mundiario

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José Luis Gómez

José Luis Gómez

Fundador y editor de MUNDIARIO, también es columnista de la agencia Europa Press. Tertuliano de TVG y Radio Galega, colabora en La Región. Dirigió Capital, Xornal y La Voz de Galicia. Ex director editorial de Grupo Zeta. Autor del libro Cómo salir de esta. Coeditor del Anuario del Foro Económico de Galicia. Twitter: @J_L_Gomez

A menudo dos personas –o entidades– no pueden o no saben cooperar aunque ello les perjudique a ambas. Cuando algo así sucede suele apelarse al dilema del prisionero, un caso fundamental de la teoría de juegos que muestra que para obtener la mejor solución para todos los implicados en un problema de competencia es que todos ellos cooperen unos con otros de manera coordinada.

Según la enunciación clásica del dilema del prisionero, la policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, los dos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante un año por un cargo menor. Otro ejemplo –más deportivo– es el de los ciclistas que van escapados y deben darse relevos para evitar que el pelotón les dé caza. Si no cooperan, y al final son alcanzados, puede que ninguno de ellos obtenga nada.

Para el PSOE –del mismo modo que para Podemos– lo ideal sería deshacerse uno del otro pero a estas alturas la cuestión no radica en que Podemos se aproveche del PSOE o al revés, sino en la ventaja que tiene el PP sobre ambos. Y, por si fuese poco, el PP juega a su antojo con los dos: a Podemos lo tacha de radical y extremista, para meterle miedo a la gente, y al PSOE lo atrae y lo descalifica, según le convenga. Resultado: el PP gobierna.

Podemos puede ser una fuerza política necesaria para mucha gente en tiempos de crisis pero no por ello deja de ser un partido útil para el PP, siempre que no le desbanque, lo cual tampoco parece probable, más allá de algunas grandes ciudades. Y es útil porque Podemos lastra al PSOE, que sí es un partido con más opciones de derrotar al PP, siempre que mantenga su base electoral de izquierdas y arañe votos del PP en el centro. Por eso mismo, hábilmente, el entorno mediático del PP camuflado en la izquierda ayudó tanto a Podemos a erosionar al PSOE.

Aparentemente, el PP y Podemos se pelean a muerte, pero nada más lejos de la realidad: se retroalimentan ante los suyos, que es su objetivo compartido, mientras el PSOE corre el riesgo de no entrar siquiera en el partido. Ante ese escenario, hay socialistas que abanderan que a Podemos, ni agua, y otros que estudian a fondo el dilema del prisionero. Tras su congreso federal, un fortalecido Pedro Sánchez elegirá el mejor camino. De entrada, el líder socialista, ahora sin ataduras internas, insiste en implicar simultáneamente a Ciudadanos y Podemos en la operación de cambio para relevar a Mariano Rajoy. De no ser viable, como parece, confía en salir ganador en las urnas, lo cual indica que ambiciona un anticipo electoral. @J_L_Gomez