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¡Cómo pasar del DUI al DIU en ocho escasos segundos!

También es mala suerte que Puigdemont haya coincidido con un gallego instalado en La Moncloa a través las urnas, oye. Con lo bien que no habría venido in illo témpore, cuando estaba instalado otro gallego en El Pardo a través de las armas...

¡Cómo pasar del DUI al DIU en ocho escasos segundos!
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.

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Javier González Méndez

Javier González Méndez

Periodista y analista político. Tiene amplia experiencia como corresponsal político de importantes diarios españoles y tertuliano de radio y televisión. Columnista de MUNDIARIO, donde hizo popular la serie de artículos titulada Suspiros de Expaña, que dio paso a la actual CRÓNICAS DESDE BABIA.

Hombre, por lo menos con Tejero todos éramos conscientes de que estaba intentando tomarnos el Congreso. Pero es que con este señor, el Honorable President, nos fuimos casi todos a la cama, el pasado 10 de octubre, con la sensación de que nos estaba tomando el pelo. Precisamente un señor que lleva décadas exhibiendo con orgullo su pedigrí catalán, llega el momento cumbre del dichoso DUI (Declaración Unilateral de Independencia) y va el tío , se hace el gallego, el Rajoy, y nos propone un DIU (Dispositivo Intrauterino) O sea, se queda ahí parado, en mitad de la escalera, mientras el personal dilucida si la está subiendo o la está bajando. Yo, porque no soy Rajoy, gracias a dios, si no me dejaba de artículos 155, 116 y complicaciones de esas constitucionalistas y le ponía talmente una querella por suplantación de personalidad. Porque, vamos a ver, que Don Mariano no diga ni sí, ni no ni todo lo contrario en el estrado de un parlamento, forma parte ya de la cotidianidad, es inherente a sus genes, le convierte en un peculiar político con denominación de origen. Ahora, que Don Carles haya querido darnos gato por liebre, ribeiro por cava, astucia galaica por argucia catalana, eso si que no, ¡ves! Una cosa es que los españoles sigamos juntos y otra muy distinta es que empecemos a estar revueltos, ojo. Una cosa es que un Honorable President vuelva a intentar levantar tradicionales Castels en el aire, como llevan un horror haciendo sus antecesores y otra, bien distinta, que de repente se saque de la chistera el “depende”, el “por una parte yo qué sé y por otra que quieres que te diga” o el “eu no che son de aquí” que, como todo el mundo sabe, es propiedad intelectual de los gallegos de toda la vida.

De pastorcillo del Bruch a estrafalaria réplica de Asterix

Pero bueno, a lo que íbamos. Han intentado convertir a Puigdemont en una réplica 2.0 del pequeño pastorcillo de Bruch, y para mí que les ha salido una versión catalana del gran impostor “pequeño Nicolás”. Uno, el genuino héroe inmortalizado en piedra en Igualada, aprovechó el eco de su tambor para hacer creer a los invasores que se enfrentaban al ciento y la madre de aquellos heroicos Somaten; este otro, en cambio, aprovecha el eco de su twitter para hacernos creer al resto de los españoles que, detrás de él, ¡contigo hasta la muerte!, avanza la inmensa mayoría de los catalanes con la bendición urbi et orbi de la mayoría de las cancillerías de Europa. Creen que están reescribiendo la historia, pero si el procés no augurase un final tan macabro, tan sociológicamente cruento, tan económicamente chungo, me atrevería a asegurar que les está saliendo y nos están obligando a que nos salga entre todos una esperpéntica historieta del número 13 de la Rua del Percebe.

Han querido exportar al mundo una trágica versión española de la inexpugnable y paradigmática aldea gala de Asterix, pero esta Aldea Global que declaró oficialmente inaugurada Marshall McLuhan en los años 60, solo está dispuesta ya a reírse con los genuinos duelos en los que Obelix pone en órbita a las legiones romanas. Lo de esa otra aldea catalana desafiando al César, al Senado, a la Pax Ibérica, a las centurias de las fuerzas y cuerpos de seguridad de un Estado europeo democráticamente homologado, qué quieres que te diga, suena es una comedia bárbara, a estrafalaria secuela de “Ocho apellidos vascos” trufada de charnegos reconvertidos, a plagio muy heavy de Carlesix, Oriolesix, TardasixArturix, cuyo poder no procede de la enigmática y ancestral poción mágica de un druida, sino de unos pragmáticos y recientes Pactos de La Moncloa en los que se decidió, con el beneplácito de los españoles, que los habitantes de este viejo país cansado de ser “uno, grande y libre”, según el slogan goebeliano de una oprobiosa dictadura, se convirtiese en una confederación de culturas, de lenguas, de poderes legislativos, de poderes ejecutivos, con un único, inviolable pero revisable denominador común al que seguimos llamando Constitución.

¿Dónde estabáis entonces...?

Es una pena que una parte de la burguesía catalana, de la intelectualidad, de hijos de la luz universitaria y de la sombra alargada de una historia cocinada a fuego lento, “Papá cuéntame otra vez”, no hayan elegido el marxismo de Groucho (Esta es nuestra Constitución. Si no nos gusta podemos intentar hacer otra), en vez de tomar un atajo y seguir las indicaciones del trasnochado GPS que controla el rancio y marchito marxismo/anarquismo de las CUP. Es un nostálgico y paradójico desperdicio que, esa apasionada rebeldía que tiñe estos últimos años de esteladas los cielos de Cataluña, haya salido precisamente del armario ante un gallego que habita en el Palacio de La Moncloa como consecuencia de haber pasado por las urnas, en vez de hacerlo in illo témpore, no sé si te acuerdas, ante aquel otro gallego que habitaba en el Palacio de El Pardo como consecuencia de habernos pasado por las armas.

Como diría Manolo García, en una versión actualizada y sin acritud de su célebre Insurrección: “¿Dónde estabáis entonces cuando tanto y tantos os necesitábamos?

La que se avecina

También es cierto, señoras y señores del jurado, que entre los “yoismos” políticos de Rajoy, de Sánchez, de Rivera, de Iglesias, de Colau, de Carmena, de Mas, de Puigdemont, de Junqueras, de Forcadell, etc, y los “yoismos” mediáticos de las tertulias, los editoriales, las columnas, la piromonanía on line y la madre que nos parió, con perdón, todos juntos estamos matando, mejor dicho, rematando a España, y ella sola puede acabar muriendo, mejor dicho, remuriendo. Porque, eso sí, España tendrá muchos defectos, como nos encargamos todos los días de recordarnos los unos a los otros, pero posee una virtud contrastada y contrastable que debería tener flipando desde hace siglos a los historiadores: o tiene más vidas que un gato, o el don de resucitar de entre los muertos o un ingenioso gen de Lope de Vega que nos permite siempre resurgir de nuestras cenizas.

Al final, esto del procés, francamente, parece un episodio inédito de La que se Avecina en ese otro Mirador de Montepinar en el que se está convirtiendo Cataluña. ¡Ahí la tenéis, miradla, una réplica descomunal de comunidad de siete millones y medio de vecinos en la que solo falta asignar los papeles a los actores y actrices que se han ido presentando al casting: quién hace de Mayorista de pescado, quién de concejal cornudo y frustrado, quien de psicóloga carne de psiquiatra, quien de gañán, quién de putón verbenero, o de conserje fumado o de cada uno de los personajes que ya tuvieron sus más y sus menos en un capítulo en el que iniciaron, no sé si te acuerdas, un Proces para establecer la República Independiente de Montepinar. La única duda que me queda, en este caso, es si la ficción supera a la realidad o viceversa.

 

¿Truco o trato?
¡Qué noche la de aquel día!, ¿eh?, el 10 de octubre, cuando la historia adelantó la noche Halloween y Puigdemont llamó a las puertas de los españoles con ingenuidad infantil y nos propuso: ¿truco o trato?