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La sí pero no declaración de independencia de Puigdemont decepciona a todos

Sus socios de las CUP rompen porque les parece poco, sus acólitos en las calles se van cabizbajos y Planeta anuncia que se va. Rajoy requiere aclaraciones y exhibe el artículo 155 de la Constitución.

La sí pero no declaración de independencia de Puigdemont decepciona a todos
Edificio Planeta, sede del Grupo Planeta./ Darz Mol
Edificio Planeta, sede del Grupo Planeta./ Darz Mol

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María Cadaval

María Cadaval

Doctora europea en economía. Profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Columnista de MUNDIARIO.

La tensión vivida la tarde del 10 de Octubre de 2017 pasará a la historia como la declaración de independencia de los 56 segundos.

Carles Puigdemont, en un ejercicio de retórica política, dio cumplimiento al mandato de la ley del referéndum diciendo que "les presento el mandato del pueblo de que Catalunya se convierta en un Estado independiente en forma de república" y a continuación señaló que "el Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos el diálogo".

¿Miente una vez más? Sea lo que sea parece que esta vez su triquiñuela tiene las patitas cortas

Por un lado, la foto. No hay más que ver las caras de los partidarios de la independencia que se concentraron en los alrededores del Parlament antes, durante y después de su discurso. El resultado final podríamos tildarlo de decepción para ellos. El resto de los ciudadanos no saben exactamente qué va a pasar, los políticos interpretan de distintas formas qué quiso decir y el Gobierno, tras reunirse de manera extraordinaria para decidir si es lo que parece o es una trampa más, decidió requerir a la Generalitat para que confirme si ha declarado la independencia. Este es el primer paso para activar la aplicación del artículo 155 de la Constitución. “Este requerimiento es previo a cualquiera de las medidas que el Gobierno puede adoptar al amparo del artículo 155 de la Constitución”, ha especificado el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Una cosa parece estar clara, en la decisión final pudo más lo racional que lo emocional y... sí, fue la presión económica y la falta de apoyo internacional  las que obligaron a Puigdemont a mantenerse en el limbo. Pero, ¿qué significa esto? pues que la estabilidad política sigue sin estar y la económica se tambalea.

Planeta, que se mantuvo expectante hasta el último momento para tomar una decisión "dolorosa",  también lo hizo, cambió su sede social tras escuchar a Puigdemont. ¿Cambiará algo más? Otros ya lo han hecho. Algunos de los que hace unos días movieron el domicilio social confirman que han mudado también el fiscal, ante el riesgo de que la sí pero no declarada independencia decida activar la Agencia Tributaria de Cataluña y reclamarles  impuestos estatales como el de Sociedades. Ante esta tesitura tendrían que elegir dónde cumplir sus obligaciones tributarias o pagarlas dos veces. Ya lo ha hecho CaixaBank y Banco Sabadell, y es probable que los demás vayan detrás.

¿Cómo era aquello que decían algunos de que el cambio de sede social no era importante y era solo un gesto?

¿Cómo era aquello que decían algunos de que el cambio de sede social no era importante y era solo un gesto? Vemos que no y que las consecuencias económicas serán cada vez más importantes porque mover el domicilio fiscal no es tan sencillo, es preciso trasladar la sede de dirección efectiva allí donde se lleve y a sus ejecutivos y a sus consejos de administración y a sus juntas de accionistas y... ¿qué viene después? Pues la deslocalización de las inversiones y, a largo plazo, el desplazamiento de plantillas.

O alguien pone remedio a esto o ni siquiera las cuentas de la Balanza Fiscal ad hoc que se habían fabricado los independentistas serán un cuento. ¿Diálogo? todo el que sea necesario en el marco establecido y con la política como bandera. ¿Incertidumbre? La mínima. ¿Idioma? Solo hay uno universal, y no es el catalán, es el económico.