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Nada que no sea Cataluña

Las tensiones económicas por cómo se lleve a cabo o no este asunto podrían afectar hasta en un 25% a la renta de los interesados, tal como ha declarado públicamente el propio ministro Luis de Guindos.

Nada que no sea Cataluña
Luis de Guindos.
Luis de Guindos.

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Enrique Arias Vega

Enrique Arias Vega

Escritor, periodista y economista, diplomado en Stanford. Autor de 12 libros y ganador de varios premios. Ha publicado en España, en Italia y en Estados Unidos. Columnista de MUNDIARIO.

Varios amigos, catalanes y no catalanes, que publican en los papeles me han mostrado su desazón por no saber escribir de otra cosa que no sea el intento secesionista en marcha.

—Me gustaría reflexionar sobre el paro, los próximos presupuestos, la evolución de la izquierda o el futuro de las pensiones, pero nada: toda mi atención la ocupa lo que pasa en Cataluña.

—Es normal —me comenta otro—, porque todos esos temas y muchos más dependerán muy mucho, de cómo acabe el proceso independentista.

Efectivamente: las tensiones económicas por cómo se lleve a cabo o no este asunto podrían afectar hasta en un 25% a la renta de los interesados, tal como ha declarado públicamente el propio ministro Luis de Guindos. Ejemplos los hay a punta de pala.

Los desajustes en las transferencias de hacienda, llegado el caso, podrían retrasar la percepción de nóminas o de pensiones. Lo mismo sucedería con las subvenciones de la Generalitat. O con la financiación farmacéutica de la sanidad pública. Lo peor, además, es que estos asuntos se enlazan unos con otros. Y no digamos nada si se produjese una situación de descontrol tributario, con contribuyentes que no supiesen a qué institución pagar o que aprovechasen la confusión para no hacerlo.

Eso acabaría por afectarnos a cada uno de nosotros, aunque vivamos en el quinto infierno, ya que, incluso en una eventual solución de independencia, el resto de España supondría tres cuartas partes del mercado exterior catalán.

Un ejemplo prosaico de una concatenación de acontecimientos que puede pasar mañana mismo: una Generalitat sin liquidez retrasa la subvención a una residencia de mayores que, a su vez, deja de pagar el alquiler a un propietario que, sin ingresos, no puede cotizar y produce un déficit en la tesorería pública, la cual no puede financiar ya los medicamentos imprescindibles para otros usuarios de la sanidad pública. Etcétera, etcétera.

Como se ve, dejar de pensar y de comentar sobre el actual estado de cosas en Cataluña resulta algo imposible para cualquiera que esté en su sano juicio.