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Maduro se autoproclama un San Nicolás sin barba pero con bigote preparado para el expolio

El 12 de diciembre pasado, cuando el presidente de Venezuela también anunció que saldrían de circulación los billetes de 100 bolívares en tres días, el gobierno de Maduro confiscó alrededor de cuatro millones de juguetes importados por la empresa Kreisel.

Maduro se autoproclama un San Nicolás sin barba pero con bigote preparado para el expolio
Nicolás Maduro con juguetes de la empresa Kreisel. / RRSS
Nicolás Maduro con juguetes de la empresa Kreisel. / RRSS

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José Luis Méndez La Fuente

José Luis Méndez La Fuente

Profesor universitario y abogado. Trabajó en Petróleos de Venezuela (PDVSA). Articulista de MUNDIARIO.

Siendo aún vicepresidente de la República, Nicolás Maduro expresó que el Segundo Plan Socialista de la Nación 2013-2019 “es el testamento que nos dejó Hugo Chávez [...] lo escribió él mismo, en junio de 2012, de puño y letra, el cual debe cumplirse siguiendo como guía a la Constitución”. En el marco de este nuevo Plan, que según Chávez es el que llevaría a Venezuela al periodo poscapitalista, para luego dar entrada al nuevo socialismo, la guerra económica debería acentuarse. Obviamente se refería a la del gobierno contra la oligarquía económica y la burguesía convencional, por lo que medidas futuras contra los inventarios de los principales comercios del país, como ocurrió a finales del 2013, eran en cierta forma predecibles.

"¡Que no quede nada en los anaqueles!" fue la proclama con que Maduro exaltó a la población a hacerse justicia contra la especulación, en una de sus más decididas acciones políticas. Como para demostrar que era más chavista que el propio Chávez, Maduro tomaba medidas populistas, socialistas y revolucionarias, contra los grandes almacenes de artefactos eléctricos y línea blanca del país. Los precios los fijaría su gobierno, igual que su gobierno decidiría cuándo hay sobreprecio, acaparamiento y en qué momento se debe vender.

Como se recordará  fue  el 8 de noviembre del 2013 cuando Nicolás Maduro materializó dicha política  al ordenar modificar los precios  de los electrodomésticos, hasta en un 70%, por debajo de lo que marcaban, de todos los productos que estuviesen en los estantes de las tiendas Daka, comenzando así una reacción en cadena de rebajas obligatorias en artículos de línea blanca y otros artefactos eléctricos que dispararon la demanda y agotaron en tiempo récord los inventarios; suceso que  quedó registrado en la memoria de los venezolanos como “El Dakazo”. De más está decir que dicha medida agravó la escasez de estos artículos y equipos en estos últimos tres años en todo el país, teniendo un efecto contrario al que se perseguía,  al aumentar sus precios de venta, en la actualidad, a niveles que los hacen inaccesibles para la mayoría de la población.

Se iniciaba, de este modo, una política de “justicia social navideña” a lo Robin Hood, que abarcaría después, durante el resto del año, a otros rubros de mercancías y servicios, alcanzando, incluso, con iguales efectos perversos, al sector salud y causando la escasez de medicinas, productos de higiene y limpieza para el hogar, así como el de automóviles, maquinaria pesada, repuestos y alimentos, que vive la Venezuela actual.

No por casualidad, sino más bien para ser consistente con su política de incoherencias económicas, es que el 12 de diciembre pasado, cuando también anunció que saldrían de circulación los billetes de 100 bolívares en tres días, el gobierno de Maduro confiscó alrededor de cuatro millones de juguetes importados por la empresa Kreisel, los cuales serán repartidos o vendidos a precios subsidiados entre los habitantes de los sectores de menos recursos del país. Se repite así “El Dakazo” del 2013, pero esta vez en el ramo de los regalos infantiles, incautando, bajo el argumento pueril y absurdo de que la empresa Kreisel estaría” acaparando” juguetes; unos juguetes que dicha empresa tenía para la venta, en el ejercicio de libertad económica que creía aun existía en Venezuela. Un argumento, el del acaparamiento, que ya utilizó el gobierno con los alimentos, donde el termino es más comprensible, las medicinas, el calzado y la ropa, este último un rubro que afectó apenas hace unos días, a una conocida tienda de ropa infantil, donde las colas para adquirir, casi regaladas, las prendas de vestir para niños eran kilométricas.

Quitarle a los ricos para darle a los pobres, ha sido siempre el desiderátum de algunos sectores del marxismo que han querido llevarlo a la práctica sin saber cómo implementar determinadas políticas fiscales o sociales, o simplemente derrochando recursos en subsidios temporales a ciertos rubros o servicios. En este último renglón aún están frescas las cenizas del fracasado modelo económico-social, aplicado por los gobiernos de Lula, que para algunos supuso una tercera vía para América Latina con programas sociales de distribución masiva de la renta nacional, entre los que destacó la Bolsa Familia, y que sacó, en su momento, a cerca de treinta millones de personas de la pobreza extrema, siendo expandido a países como Paraguay, Bolivia y Ecuador. Lo mismo sucedió con las Misiones Sociales de Hugo Chávez, que duraron hasta el momento en que se acabó el dinero que las sostenía; en buena parte, al igual que pasó en Brasil, debido a la enorme corrupción que las desangraba.

Un San Nicolás sin barba, pero con bigote, así fue como el propio Maduro se calificó así mismo, después de expoliar a Kreisel.  Una especie de cínica confesión de su parte, de la incapacidad de su gobierno para aplicar políticas de distribución de la riqueza cónsonas con el siglo XXI y de que siempre es más fácil quitarle a quien tiene, que crear riqueza para todos.  

 

@xlmlf