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El islam y la hipocresía occidental

¿Doble moral, hipocresía, miedo, falta de personalidad o de convicción en sus propios valores y creencias?  Si en algo el islamismo supera a occidente es en su firmeza a la hora de defender su religión, dogmas y cultura.

El islam y la hipocresía occidental
Niño rezando en una mezquita. / Pixabay
Niño rezando en una mezquita. / Pixabay

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José Luis Méndez La Fuente

José Luis Méndez La Fuente

Abogado y profesor universitario. Trabajó en Petróleos de Venezuela (PDVSA). Articulista en diversos medios, entre ellos MUNDIARIO.

Una vez más el terrorismo islámico golpea al Reino Unido y una vez más se vuelven a repetir los mismos comentarios alrededor de lo ocurrido: los terroristas son personas que viven, por lo general, como ocurrió en los atentados anteriores de Francia, Bélgica o Alemania, en comunidades del propio país atacado, en este acaso en Inglaterra; que  suelen  poseer la nacionalidad e incluso haber nacido allí;  que han tenido contacto con el “yihadismo”, y que como en casos anteriores, fueron investigados por la policía.

Leyendo las noticias sobre lo ocurrido en Manchester hace un mes, o en Londres en marzo pasado y ahora en junio, pudiera pensarse que se trata de un acto de terrorismo interno, realizado por británicos, que viven en vecindarios marginales, a quienes el sistema ha excluido lanzándolos a los brazos del terrorismo. El mensaje que subyace en el fondo, al igual que en los ataques perpetrados en otros países europeos, no es otro que, más que musulmanes, son nacionales europeos quienes protagonizan esos actos de barbarie terrorista. Pero no hay que confundirse, pues una cosa es haber nacido en un país y otra muy distinta pertenecer culturalmente a él. Además de que, si bien es cierto, que no todos los musulmanes practican el terrorismo, también lo es que todos los terroristas que lo ejercen en Europa, salvo organizaciones independentistas como lo ETA o IRA, son musulmanes.

Pareciera, si hacemos caso de algunas noticias, que Occidente es responsable, en buena medida, de su propia tragedia terrorista. Y ciertamente lo es, pero no por las razones o motivos que se señalan, sino por otros más abominables.

Bastaría con que nos preguntáramos de donde provienen los equipos y el armamento de ISIS y quién o quienes lo financian. La información al respecto es más que abundante para quien la quiera ver.  Rusia, EE UU y determinados países de la Unión Europea como la propia Francia, les venden a organizaciones y países árabes vehículos artillados, armas y dotaciones de combate de todo tipo que van a parar directamente al terrorismo “yihadista”, como se le llama ahora; término, por cierto, de invención occidental para quitarle hierro al que debía ser su verdadero nombre: terrorismo islámico.

Los siempre mezquinos, pero poderosos intereses económicos de Occidente, se hacen la vista gorda frente al apoyo “neutral”, de sus aliados árabes petroleros, al terrorismo de ISIS.  Egipto, Irak, la propia Siria, Arabia Saudita, o en general, los emiratos y pequeños reinos que conforman la península arábica, son algunos de los países que han ido y venido, en el devenir de su historia, tirados por los hilos de la diplomacia francesa o británica, auténticos titiriteros, hacia dentro o fuera de su órbita.

Pero la nota más resaltante de la hipocresía occidental, radica en la manera de encarar el tema del islamismo, cuando se pone a prueba su legado cultural en materia de derechos y libertades. Unos derechos y libertades que han sido siempre la expresión de las mayorías, pues son las mayorías en cualquier sistema democrático las que imponen su opinión, hábitos y forma de vida. Mientras que un occidental, cuando viaja a un país islámico, tiene que adaptarse a sus costumbres, le gusten o no: como por ejemplo que las mujeres deben taparse la cabeza y vestirse recatadamente, comportarse de determinada manera en público, e incluso no hablar si hay hombres presentes; en un país occidental, una mujer del islam exigirá, porque sabe que puede hacerlo, que se le respete andar por la calle con el  burka y que sus hijas asistan al colegio así vestidas, sin importarle lo que diga su normativa interna. En otras palabras, que la mayoría debe adecuarse y respetar su religión y cultura musulmana, sin considerar cómo eso puede alterar la disciplina del colegio, la educación del alumnado, o el entendimiento de algunos padres franceses, ingleses o alemanes que posiblemente no estaban de acuerdo tampoco con el uniforme del colegio, por razones diferentes, pero que sin embargo aceptaron que sus hijos lo llevaran.

No digamos nada de las expresiones de religión en sí mismas o de la práctica de la fe de un occidental en un país musulmán, porque eso es prácticamente imposible.  No solo porque escasean o simplemente no existen templos, sino porque será mal visto e incluso prohibido a riesgo de su vida. Por el contrario, en Occidente proliferan las mezquitas y hasta los derechos de los imanes en algunas comunidades, junto a las enseñanzas del islamismo, al amparo de su sistema de libertades y derechos.

A veces da la impresión de que existiera hasta miedo de decir algo, por que pudiera ofender la susceptibilidad del islam. El ejemplo más reciente, lo encontramos en la visita a Roma y al Vaticano, del jefe de estado iraní, a principios de este año, en la cual fueron tapadas algunas obras de arte que contenían desnudos e imágenes aparentemente indecentes para el islamismo. Unas expresiones artísticas que forman parte de la historia de la humanidad, pero que el estado italiano y la iglesia católica se reprimen de mostrar, a representantes de otra fe.

¿Doble moral, hipocresía, miedo, falta de personalidad o de convicción en sus propios valores y creencias?  Si en algo el islamismo supera a occidente es en su firmeza a la hora de defender su religión, dogmas y cultura; y es  precisamente aquí donde radica su mayor fortaleza.

Mientras los líderes occidentales, no obstante que la señora May acaba de reconocer que hay mucha tolerancia con el islamismo, sigan enfrentando el desafío islámico como un punto más dentro de la agenda internacional, de naturaleza controlable, con daños colaterales pero también grandes beneficios, el problema del terrorismo no tendrá solución alguna,  a la par que el anti islamismo y los sentimientos ciudadanos contra todo lo que simbolice la cultura musulmana, crecerán espontáneamente, a un ritmo imparable y muy peligroso para la paz mundial.

@xlmlf