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Las injusticias no tienen ideología

Para quienes entienden que las personas son más importantes que conceptos abstractos como libertad, igualdad, justicia social..., ninguna revolución que asesine gente, la envié a la cárcel e imponga el miedo como formas de convivencia puede jactarse de ser  justa, libertaria, o solidaria.

Las injusticias no tienen ideología
Fidel Castro, con chándal de Adidas, en sus últimos años de vida. / RR SS
Fidel Castro, con chándal de Adidas, en sus últimos años de vida. / RR SS

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José Luis Méndez La Fuente

José Luis Méndez La Fuente

Abogado y profesor universitario. Trabajó en Petróleos de Venezuela (PDVSA). Articulista en diversos medios. Escribe en MUNDIARIO.

El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra

Karl Marx.

 

Los cubanos  exiliados  en la Florida, tenían abrigadas esperanzas  de que cuando Fidel Castro muriera, el comunismo llegaría a su fin en Cuba. Fidel y el comunismo siempre fueron lo mismo para los ojos de muchos,  por lo que  la solución de uno, se veía como una derivación de la desaparición del otro.  Por eso  los rumores sobre su muerte, adelantando el esperado desenlace, fueron frecuentes durante las últimas dos décadas. Tal fue la frustración, que los cubanos de Miami llegaron a pensar, en algún momento, que  Fidel Castro era inmortal. Pero las leyes de la biología son implacables y finalmente ocurrió, aunque no en el tiempo y circunstancias deseadas, cuando la Revolución ya alcanzó la gloria, y Fidel Castro viejo y enfermo,  ha tenido que dejarle el poder a su hermano Raúl.

Para quienes entienden que las personas de carne y hueso, con nombre y apellido, con sentimientos, familia y una vida, son más importantes que conceptos abstractos, tales como, libertad, igualdad, justicia social o solidaridad, ninguna revolución que asesine gente, la envié a la cárcel, divida familias e imponga el miedo y el terror como formas de convivencia, en nombre  de una ideología cualquiera, puede jactarse de ser  justa, libertaria, o solidaria en modo alguno. Y eso abarca no solo a los cubanos de Miami, sino a millones de personas en el mundo.

Quienes ven en Fidel Castro o en un Chávez, que lo imitó en el modo de gobernar, en el de hablar y hasta en el de vestir, a un símbolo de la resistencia latinoamericana, solo ven lo que quieren ver, nunca la película completa. Acabar con la pobreza, las clases oprimidas, el poder corrompido y las dictaduras, mediante una revolución o pretender cambiarlo todo, en nombre del pueblo o de la soberanía, suena romántico; es el sueño de todos, del buen revolucionario. Pero qué ocurre cuando ese buen revolucionario llega al poder, acaba con el tirano y se queda con el poder; repitiendo, con el tiempo, lo que hacía el tirano que derrocó, solo que esta vez, utilizando conceptos llamativos, manipulando en el  nombre del pueblo, de los oprimidos, del antiimperialismo, de la patria nueva, etc. Y es que las injusticias no tienen ideología.

Si Fidel Castro no se hubiese declarado marxista-leninista, su revolución no se hubiese podido llamar de esa manera, y seguramente, hoy en día, sería tildado de dictador por sectores de la izquierda

Pero cuando se hace una revolución para acabar con el absolutismo, entonces, pareciera que está justificado que una dictadura salvaguarde la revolución, sobre todo,  si la revolución se hace desde la  izquierda

Si Fidel Castro no se hubiese declarado en 196 marxista-leninista, su revolución no se hubiese podido llamar de esa manera, y seguramente, hoy en día, sería tildado de dictador por sectores de la izquierda. Pero cuando se hace una revolución para acabar con el absolutismo, entonces, pareciera que está justificado que una dictadura salvaguarde la revolución, sobre todo,  si la revolución se hace desde la  izquierda. Y es que  si lo vemos bien, ninguna revolución que se jacte de serlo, puede ser de derecha.

La dictadura de Fulgencio Batista no era la única lamentablemente, que había en la América Latina caribeña, de mediados del siglo pasado, cuando Fidel Castro emprendió su lucha armada desde Sierra Maestra. En Venezuela, Pérez Jiménez, seguía la ruta trazada por cuarenta años anteriores de gobiernos no democráticos; Leónidas Trujillo reinaba en República Dominicana y Anastasio Somoza en Nicaragua.

Si comparamos esos países ahora mismo, no vamos a encontrar grandes ventajas, como resultado de la “Revolución cubana”  que hayan elevado a Cuba por encima de ellos, ni de otros países del continente. Por el contrario, una comparación dejaría a la Cuba de los Castro muy mal parada, incluso con nuestro país, no obstante los dieciocho años de  retroceso que ha tenido con los gobiernos chavistas y su persistente intento por emparejarnos con élla. La salud, educación y deporte,  tres de los grandes logros que se le atribuyen a la Revolución, forman también parte del mito. El deporte sovietizado en su mejor época, ya no brilla; la medicina  no tiene los avances que se  decían, el propio Fidel fue tratado por especialistas extranjeros, y la alfabetización nacional, que también se hizo en Venezuela, durante los gobiernos de Pérez y  Chávez, no  puede evitar, por si sola,  la ignorancia de un pueblo.

Si es cierto que las revoluciones sucumben ante la irresistible atracción que ejercen sus líderes, llegándose así a un punto, en que líder y revolución pasan a ser lo mismo, entonces, el socialismo en Cuba y en Venezuela, hace tiempo que está muerto, y su liderazgo también, pues tanto Raúl Castro como  Nicolás Maduro, son aves de paso.

Por lo mismo, pensar que la muerte de Fidel puede traer cambios en la Isla, no tiene, a estas alturas del juego político, mayor trascendencia, cuando la Revolución cubana, convertida en mito y Fidel castro en leyenda, ya son parte de la historia. Una  historia, que  ahora tendrá que revaluarse. @xlmlf