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Impeachment o elección indirecta, las opciones de Brasil en su nueva crisis

Una nueva caja de Pandora se ha abierto en el país sudamericano y, con el presidente negándose a renunciar, las opciones son limitadas pero igualmente catastróficas.

Impeachment o elección indirecta, las opciones de Brasil en su nueva crisis
Protesta contra Michel Temer en Brasil. / Twitter
Protesta contra Michel Temer en Brasil. / Twitter

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

Formado en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, es un comunicador social que colabora en MUNDIARIO, donde también coordina el área de Política. Twitter: @mundiario

Han sido casi 24 horas de absoluta locura en Brasil. La tarde de este jueves trascendió que el Tribunal Supremo del país había ordenado abrir una investigación contra Michel Temer, titular del Ejecutivo Federal, luego de que un empresario le haya delatado como líder de una red de sobornos. El presidente se mostró tajante y dijo que este escándalo no lo haría renunciar. Con todo, en el país amazónico corren de nuevos los fantasmas del impeachment, el medio por el que la expresidenta Dilma Rousseff perdió su puesto el año pasado a manos del mismo Temer.

Esta vez, el golpe lo asestó Joesley Batista, presidente del grupo carnario JBS, quien en una grabación reconoce a Temer que Eduardo Cunha le demandaba un soborno mensual para mantener su silencio mientras éste se encuentra en la cárcel como condena por su participación en otros casos de corrupción. Eso tienes que mantenerlo, ¿vale?”, le dijo Temer en una grabación a la que tuvieron acceso medios locales. El Supremo entonces decidió ordenar que se abriera la investigación contra el jefe de Estado y el colapso fue casi inmediato.

Réplicas

De hecho, es tal la magnitud de este escándalo que desde antes de que se anunciara la decisión del Tribunal ya había efectos secundarios. La Bolsa de Sao Paulo reportó la mayor caída en los mercados desde el hundimiento del Lehman Brothers, y debió posponerse la compraventa de acciones apenas a los 20 minutos de haber iniciado la sesión. Eso era ya una seria alarma considerando que los mercados siempre se habían mostrado inmunes a los terremotos políticos del país.

El mismo jueves hubo una desbordada de brasileños en las calles como protesta a su presidente, pero esas demostraciones subieron el tono por la noche. Miles de brasileños salieron a las calles al grito de Diretas, ja, tal y como proclamaban en 1984 contra la dictadura que había controlado al país durante dos décadas.

Las movilizaciones han sido promovidas por los principales partidos de la oposición, pero en especial el Partido de los Trabajadores (PT), un partido vapuleado políticamente en las elecciones municipales del país y por los aprietos en que están dos de sus guía espirituales: la misma Rousseff y Luiz Inácio da Silva, expresidente del país. Los manifestantes exigen que se convoque cuanto antes a nuevas elecciones, mas esto representaría alterar la Constitución.

De acuerdo a la Constitución local, la renuncia de un presidente se puede solventar con la convocatoria de nuevos comicios si lo autoriza el Congreso y debe ser en los dos primeros años de los cuatro que dura cada mandato. Si se supera ese plazo, que es la situación actual (Temer fungió como vicepresidente de Rousseff, por lo que el plazo se cuenta de corrido) el puesto se le daría a un candidato que el mismo Congreso elegirá mediante votación, un proceso al que se le conoce como elección indirecta. Los principales partidos de la oposición, prácticamente todos de izquierda, no ven con buenos ojos esta medida porque consideran de que el Gobierno actual no cuenta con la legitimidad necesaria para tremenda responsabilidad. En el Legislativo se debate desde hace varios meses una enmienda constitucional que permitiría adelantar la convocatoria a las urnas, la cual fue enfilada por el diputado Miro Teixeira. La empresa debe pasar un par de filtros y, aun siendo muy optimistas, los brasileños no creen que tarde menos de dos meses en alcanzar su aprobación definitiva. Es decir, la propuesta dicta que se pueda llamar a elecciones 90 días después de la caída del presidente de turno, pero para eso sería necesaria una reforma constitucional, y ese es el trámite que tardaría no menos de dos meses.

Y también hay quienes no quieren elecciones porque eso llevaría al poder otra vez a da Silva, conocido como Lula. El carismático político es hoy por hoy el favorito en las encuestas pese a estar envuelto en cinco procesos de corrupción, pero si los comicios se adelantan las potenciales condenas llegarían después de su toma de posesión, para cuando ya tendría aforo legal. La única forma de dejar fuera de combate al tótem del PT sería que, primero, el famoso juez Sergio Moro le condenara por alguna de las carpetas que llevan el nombre del expresidente, y que luego la condena fuera reiterada por una segunda instancia judicial, y eso podría tomar casi un año.

Y todo eso sin contar que los demás partidos no están preparados para ir a las urnas. De los pocos que podían hacer frente al populachismo de da Silva hay bastantes que ya están inhabilitados de competir por escándalos de corrupción, tal como es el caso de Aécio Neves. Así, el nombre más sonado hoy por hoy para dirigir esta rebelión contra Lula es el de João Dória, alcalde de Sao Paulo e integrante del PSDB. Dória, pese a su creciente popularidad, lleva apenas cuatro meses en su cargo, al que llegó sin mayor trayectoria política y necesitaría un buen tiempo para que el país le conozca.

Tercera vía

Con los obstáculos para llamar a nuevas elecciones y las grandes grietas en el Congreso que complicarían un impeachment (que de cualquier forma tomaría por lo menos medio año como el que sacó del poder a Roussef) hay todavía una tercera salida al caos.

Para el 6 de junio, el Tribunal Superior Electoral iniciará una vista en la que determinará si Rousseff y Temer financiaron de forma ilegal la campaña de 2014 en la que corrieron juntos por el Gobierno Federal. Todo indica que esa será la solicitud del magistrado que ha llevado la carpeta desde el inicio. La decisión está en manos del tribunal, que es encabezado por un magistrado afín al presidente del país.

Si se decide inhabilitar a Temer, su puesto podría ser tomado por el presidente de la Cámara de Diputados, primero en la lista de ley para ello, seguido del presidente del Senado y, por último, el del Tribunal Supremo. Para variar, los dos primeros también se encuentran bajo investigación por el caso Lava Jato. De cualquier forma, quien fuera presidente interino no tendría que hacer más que convocar a la elección de un sustituto oficial que, de respetarse el sistema de elección indirecta, demoraría 30 días nada más en consumarse.

 

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