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Fidel Castro ya es historia, Cuba necesita renacer

Evidentemente es un símbolo del sueño revolucionario, como titulaba El País, pero los grandes deberían ser aquéllos que dejan una huella positiva en la historia como Mandela, por ejemplo.

Fidel Castro ya es historia, Cuba necesita renacer
Fidel Castro y Raúl Castro.
Fidel Castro y Raúl Castro.

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Cristina Murgas

Cristina Murgas

Comunicadora social y periodista. Apasionada por la comunicación y las relaciones institucionales, América Latina y el marketing digital. Con 18 años de experiencia en consultoría de comunicación corporativa y convencida de que lo mejor siempre está por llegar... "con esfuerzo, claro". Sus coordenadas: cristinamurgas.com Escribe en MUNDIARIO.

Tras el fallecimiento del líder cubano, Fidel Castro, a sus 90 años y, después de 60 ejerciendo un poder dictatorial en Cuba: casi 50 años al mando absoluto y el resto delegado en su hermano Raúl,  ahora sí es tiempo de una verdadera revolución, el mundo espera que la democracia no tarde en llegar a la isla. 

A pesar de su vejez no se fue a la tumba sin hacer realidad sus últimos deseos: Castro enterró el conflicto guerrillero de Colombia con la firma del Acuerdo de paz que no quiso el pueblo colombiano pero que Santos preparó en la isla, acompañó a Hugo Chávez al lecho de muerte después de ser tratado allí bajo la sombra del ocultismo sobre su enfermedad y fue testigo de la visita de Obama a su tierra, algo impensable para el corazón de un guerrillero que hizo fortuna empobreciendo a un pueblo bajo la religión del comunismo. Profesó sus ideas a lo largo de América Latina y convirtió Venezuela en la nueva Cuba.

Fidel, para los amigos, llevó a la tumba a más de 7.000 cubanos, según cifras oficiales, eso sin contar desaparecidos y suicidados en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), aquellos campos de trabajo que existieron en Cuba entre 1965 y 1968. Allí habitaron hasta 35.000 reclusos. "La mayoría, religiosos y homosexuales. Religiosos de diversos credos: Testigos de Jehová, abakuás, adventistas del Séptimo Día, católicos, bautistas, metodistas, pentecostales, episcopalianos, santeros, gedeonistas", según el historiador Joseph Tahbaz.

La muerte de Castro trae a mi memoria fogonazos de recuerdo de mi niñez en el Caribe, la poesía hecha canción de Pablo Milanés y de Silvio Rodríguez, con sus melancólicas melodías que nos trasladaban a verdaderas  batallas sociales o de Celia Cruz, la reina de la salsa, que ahora debe realmente descansar en paz, enemiga eterna del régimen castrista.

Es imborrable la imagen que las televisiones plasmaron, cuando no existía Internet, de todas aquellas personas que buscaban salir de la Isla en cualquier objeto que pudiera flotar. Más de 50 años, en los que miles de personas se echaron al mar y nunca llegaron a esa Florida de los sueños. También recuerdo aquella película "Conducta", de Ernesto Aranas, en la que se muestra el sistema educacional rígido y deshumanizado del régimen, sin entrar en detalles de la fama mundial de las putas del malecón, en la que la dignidad de la mujer vale un plato de arroz para la familia.

El periodista español Fedérico Jiménez Losantos nos ha recordado hablando de la muerte de Castro, a los 17 niños del barco 23 de Marzoque que murieron cuando el régimen castrista dio personalmente la orden de barrerlos de la cubierta; a los 25 millones de exiliados por los 10 de la isla-cárcel.

No sé por qué la prensa vanagloria a Castro como uno de los grandes protagonistas del siglo XX. Evidentemente es un símbolo del sueño revolucionario, como titulaba El País, pero los grandes deberían ser aquéllos que dejan una huella positiva en la historia como Mandela, por ejemplo. Los dictadores cuando se van de este mundo, sin duda hay que citarlos, pero no con presunción u orgullo, como han hecho muchos medios de comunicación desde el pasado viernes 25 de noviembre.

No hay que celebrar la muerte de ningún ser humano, pero dedicarle extensas páginas hablando de liderazgo y bondades es una gran injusticia. Un comunista que a régimen de cartilla ha mantenido al pueblo hambriento mientras atesoraba millones de dólares en Suiza que también fueron bien avenidos de sus buenas relaciones con el narcotráfico y la guerrilla para los que Cuba fue su segundo hogar.

Es evidente que este tipo de personajes hacen historia, pero no de la buena. Su revolución socialista aún indigesta en América Latina, aunque muchos líderes regionales lo consideren la figura política más influyente de nuestra región. La muestra es como está Venezuela, la nueva Cuba que asiste a la muerte de su gente por falta de medicinas, tiene supermercados sin la harina pan, un producto nacional, los opositores encarcelados y silenciados y un régimen que enriquece solo sus bolsillos.

Castro ya es leyenda, para muchos parte de una historia que querrían borrar y un ídolo popular para los que le lloran. En memoria de todos los muertos y encarcelados por no compartir las ideas comunistas, un Cuba Libre y que se haga la justicia divina. ¡Esa nos llegará a todos!