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Los efectos reales del Brexit quizás no sean de la relevancia que se estima

Faltan cuatro días para el referéndum por la salida o permanencia de Gran Bretaña de la Unión Europea sin que nadie haya aclarado las consecuencias finales de la decisión

Los efectos reales del Brexit quizás no sean de la relevancia que se estima
Bandera del Reino Unido y Europa.
Bandera del Reino Unido y Europa.

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Marcelino L. Fernández Mallo

Marcelino L. Fernández Mallo

Economista con larga trayectoria en el sector financiero, fue coordinador del área de Economía de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista. También colabora en otros medios de comunicación y es autor de novelas como A trenza, Klásicos o Pallarega, en lengua gallega, y El Danubio no pasa por Buenos Aires, en lengua castellana.

Los referéndums los carga el diablo. Es lo que parece desconocer David Cameron, más partidario de la ruleta rusa que del buen gobierno. El derecho a decidir, se denomine como se denomine, resulta un principio incuestionable para muchos que se complica una vez se quiere implantar. Porque al final, el resultado dependerá en buena medida del acierto de los estrategas de marketing (el futuro de los pueblos en manos de los publicistas!)  y/o del acontecimiento de un hecho imprevisto. Lo estamos viendo en la campaña del Brexit, con tragedia por el medio.

Las tres “secciones” de la Unión Europea

La Unión Europea es la suma de tres uniones acaecidas en tiempos distintos. En primer lugar, sucedió la unión comercial, eso que se llamó Mercado Común o Comunidad Económica Europea a la que pertenecen hoy en día los veintiocho estados europeos de la Unión, Reino Unido entre ellos. La que llamamos unión comercial implica considerar Europa como un mercado único en el cual desparecen los aranceles y las condiciones habituales que se imponen a los artículos adquiridos más allá de las fronteras de cada país. Dicho de otra forma, el Mercado Único Europeo permite la libre circulación de productos, servicios, capitales y personas entre los veintinueve países miembros. No es difícil evaluar la transcendencia de esta configuración para la economía de los países europeos, singularmente positiva para aquéllos que disfrutan de una mayor competitividad.

Posteriormente, a partir del Tratado de Maastricht de 1992, los países de la Unión se comprometieron a unas políticas de justicia, interior, exterior y de seguridad comunes, siquiera parcialmente en algunos aspectos. Estaríamos ante la Unión jurídica, por ponerle una etiqueta a este importante paso adelante. El Tratado de Maastricht, reforzado después por los tratados de Ámsterdam, Niza y Lisboa, es igualmente asumido por los veintiocho estados miembros de la UE.

Y por fin tenemos la Unión Monetaria que supone una moneda y política monetaria comunes, en este caso, para los diecinueve países que conforman la denominada Eurozona. Entre los nueve países excluidos, siete irán asumiendo el Euro en años sucesivos mientras que Dinamarca y Reino Unido se han ocupado de adquirir una cláusula de exclusión según la cual conservan, y así seguirá siendo, la corona y la libra respectivamente.

¿Qué significaría el Brexit?

Así pues, el Reino Unido ya no participa de la Unión Monetaria, es decir, conserva su propia moneda y su propia política monetaria, lo cual implica ser ajena a los riesgos que conllevan las decisiones tomadas por el Banco Central Europeo que podrían ser contrarias a los objetivos de la política económica del gobierno británico. Es este un riesgo que asumen los diecinueve países de la Eurozona, obviamente.

Los tratados de la UE no contemplan la salida de ningún país miembro por lo cual cualquier proceso de esta naturaleza tendría que irse diseñando y organizando sobre la marcha. Se habla de dos años de negociaciones para llevar a cabo esa hipotética desconexión. Mi opinión, por supuesto que muy personal, es que con independencia del resultado del referéndum, tal desconexión no se llegará a producir.

¿Es que alguien se plantea la posibilidad de reimplantar aranceles entre el Reino Unido y el resto de los países de la Unión? ¿O de impedir las inversiones y flujos de capital entre la City y el resto de plazas financieras de Europa? ¿Acaso alguien piensa en limitar la circulación de ciudadanos británicos hacia el continente, y viceversa? Sugiero que se revise la situación de Noruega para clarificar las opciones.

Hasta en dos ocasiones, el gobierno noruego llegó a un acuerdo de adhesión a la UE que fue rechazado por la ciudadanía. ¿Cómo se sorteó este resultado indeseado? Pues con la incorporación del país escandinavo al menos conocido “Espacio Económico Europeo” de modo que Noruega goza hoy de las mismas condiciones que cualquier país de la Unión en términos de libre circulación de productos, servicios, capitales y personas, porque además ha asumido el Acuerdo de Schengen. Participa igualmente en múltiples grupos de trabajo, ha trasladado a su legislación buena parte de la normativa comunitaria y contribuye al presupuesto de la UE en los mismos términos que los países miembros. ¿Así pues?

Sea cual sea el resultado del referéndum, me atrevo a opinar que, tras el shock inicial, el Reino Unido continuará en la Unión Europea en términos no demasiado diferentes a los actuales. Claro que de triunfar el Brexit, dejará de participar en las instituciones comunitarias. Muy probablemente, asumiría la mayoría de las políticas comunes sin influir en la toma de decisiones. No parece un trato demasiado favorable a sus intereses.