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Donald Trump abandera el abandono de la Unesco

¿A qué espera la Unión Europea para decir claramente al Presidente Trump que si no cumple con los Acuerdos de París podrían afectarse muy severamente sus relaciones comerciales?

Donald Trump abandera el abandono de la Unesco
Federico Mayor, en su homenaje en la Unesco.
Federico Mayor, en su homenaje en la Unesco.

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Federico Mayor Zaragoza

Federico Mayor Zaragoza

Profesor, político y alto funcionario internacional español. Fue director general de la UNESCO entre 1987 y 1999. Es doctor en Farmacia y catedrático de Bioquímica. Desempeñó cargos políticos, entre ellos los de diputado, eurodiputado y ministro de Educación. Tras salir de la UNESCO preside la Fundación para una Cultura de Paz.

Los Estados Unidos de Trump abandonan la Unesco. El Israel de Netanyahu les sigue. Era de esperar. Cuando mandaba Yitzhak Rabin, Israel era muy activo en la Unesco, organización intelectual del Sistema multilateral democrático de las Naciones Unidas. Pero murió asesinado y, desde entonces, las posibilidades de éxito en el proceso de paz se desvanecen. 

Los Estados Unidos se van porque el partido republicano, con ambiciones hegemónicas, es incompatible con un Sistema multilateral democrático. Ya en 1919 hicieron imposible la existencia de una Sociedad de Naciones eficiente porque impusieron la inmensa incongruencia de que, creada por un presidente norteamericano, Woodrow Wilson, ¡los Estados Unidos no fueran nunca miembros de la Sociedad de Naciones! Y luego siempre han sido hostiles al excelente diseño del Sistema de las Naciones Unidas realizado por el presidente demócrata Franklin D. Roosevelt… 

Al término de la “guerra fría”, en la década de los 80, cuando por fin era posible conferir al multilateralismo la amplitud, altura y eficacia necesarias, dotándolas de los recursos personales, de seguridad, técnicos y financieros adecuados, el Presidente Reagan, con la Primera Ministra Margaret Tatcher como acólito obediente, se marchó de la Unesco y creó los grupos plutocráticos (G6, G7, G8…) integrados por países muy prósperos, para marginar a las Naciones Unidas, no suscribiendo la Convención de los Derechos Humanos de la Infancia en 1989 –es el único país del mundo que no lo ha suscrito-, situando a la Organización Mundial del Comercio directamente fuera del Sistema… y, a continuación, invadieron Irak sin la autorización del Consejo de Seguridad… Y el neoliberalismo ha ido disminuyendo, hasta anularla, la ayuda al desarrollo, con lo que se incrementa el número de emigrantes porque en sus países de origen se mueren de hambre. Es un hecho inadmisible, desde todos los puntos de vista, que cada día se inviertan en gastos militares y armamento más de 4.000 millones de dólares al tiempo que mueren de inanición y desamparo miles de personas, la mayoría niños y niñas de 1 a 5 años de edad. 

Esta colosal aportación diaria a la economía de guerra le ha parecido escasa al Presidente Trump, que solicitó muy rápidamente su incremento. Y los países de Europa, España incluida, todos ellos insolidarios con los inmigrantes y refugiados –más de 6 mil muertos en el Mediterráneo en 2016– se apresuraron a aumentar sus inversiones en defensa. Y todos han callado cuando Trump ha anunciado que no pondría en práctica los Acuerdos de Paris sobre el Cambio Climático, lo que constituye una amenaza intolerable para la calidad de la habitabilidad de la Tierra y, por tanto, para el legado intergeneracional. 

Siento que se marchen de la Unesco porque millones de niños y jóvenes norteamericanos recibirán una educación sesgada –¡en algunos Estados republicanos es obligatorio explicar el creacionismo!– propia de un esquema educativo que confunde educación (“ser libres y responsables”) con capacitación, conocimiento con información e información con noticia. Y lo lamento especialmente por la Educación Superior, porque es bien sabido que los EEUU cuentan con 2 docenas de Universidades de primer rango… pero con centenares de universidades que dejan mucho que desear porque, entre otras cosas, se confunde educación con enseñanza. 

Es preciso que la ciudadanía mundial reaccione rápidamente –mañana puede ser tarde– exigiendo el cumplimiento por parte de los Estados Unidos de los Acuerdos de Paris sobre Cambio Climático y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En caso contrario, debe ser un gran clamor popular –ahora que no tenemos excusa para guardar un silencio cómplice– el que, consciente de que de otro modo toda la humanidad sufriría las consecuencias, obligue al Presidente Trump a rectificar. Supremacista convencido, no concibe que todos los seres humanos son iguales en dignidad y que nadie puede empañar irreversiblemente su futuro. Está claro que lo me preocupa no es que los EE UU abandonen de nuevo la Unesco, si no que el mundo en su conjunto, sin la asistencia de unas Naciones Unidas fuertes y eficaces, se abandone a su suerte… especialmente cuando sabemos a ciencia cierta que pueden alcanzarse puntos de no retorno. 

¿A qué espera la Unión Europea para decir claramente al Presidente Trump que si no cumple con los Acuerdos de París podrían afectarse muy severamente sus relaciones comerciales? ¿A qué esperan los ciudadanos más afectados para advertir que, mirando a los ojos de sus hijos y descendientes, no van a admitir que su legado intergeneracional se deteriore? 

Ahora ya podemos expresarnos. Delito de silencio.