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La corrupción en el PP pone en crisis los valores católicos de sus votantes

La sólida moral católica de la que siempre ha alardeado la derecha en este país se desmorona con la corrupción interna de un partido que ya no la defiende.

La corrupción en el PP pone en crisis los valores católicos de sus votantes
Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid. / RR SS
Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid. / RR SS

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. Actualmente es columnista y crítico de MUNDIARIO.

Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre la corrupción. Pero quizá no se ha incidido en la decadencia moral que representa para el catolicismo en general el latrocinio de muchos de estos líderes y grupúsculos.

Yo he sido muy feliz entre los católicos. Y no es coña. En mi casa, donde apenas se llegaba a fin de mes, mis padres y mi abuela siempre me educaron bajo los preceptos morales del catolicismo, como en todas las casas de aquellos hijos de la Transición que no íbamos a colegios de paga y cuyos padres y madres votaban al CDS.

Ser católico como lo era mi padre o lo es mi madre no tiene nada de fundamentalista ni de perverso. El problema es cuando un hecho espiritual se convierte en una mero postureo, en un falso reclamo propagandístico para aquellos votantes que ven aún en la derecha el mantenimiento de unos valores morales inspirados en el cristianismo.

Señores, hace mucho tiempo que eso saltó por los aires. Las imputaciones, los encarcelamientos y estos nuevos casos de corrupción en la Comunidad de Madrid evidencian que la derecha ha jugado para su propio beneficio con los valores espirituales de una religión que ha inspirado e inspira la ética y la moral de muchas familias, algunas muy humildes.

La derecha ya no es valedora del catolicismo. Ya no es su valedora ni su garante.  Son muchos casos, demasiados ya, para que el votante católico pueda confiar en un partido que dice legitimar una fe basada en la entrega al prójimo, cuando se ha dedicado a atracar a mano armada en muchos de sus feudos.

Eso se acabó para el PP. La corrupción en su partido ya no es cosa de unas cuantas manzanas podridas, pues lo que demuestra el caso del Canal de Isabel II es que esto se produjo a gran escala. La sombra de la Gürtel es demasiado alargada, por no mencionar otros expedientes. Y no es para felicitarse.

¿A qué colegios de paga ha ido esta gente? ¿Qué profesores de religión y qué confesores tuvieron en su infancia y en su adolescencia para delinquir de esta manera? ¿A qué ejercicios espirituales asistieron para acabar desfondando las arcas públicas? ¿Y esas madres? Sí, esas madres. ¿De qué fantasías les llenaron la cabeza a sus pequeños? 

El PP en este país no representa a la Iglesia, no representa esos valores morales que yo memorizaba en aquellos catecismos forrados por mi madre y que luego yo le cantaba como un niño de San Ildefonso.

No robarás.

No dirás falso testimonio ni mentirás.

No codiciarás los bienes ajenos.