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Caso Moreno: el primer escándalo político del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski

El médico peruano Carlos Moreno ha sido grabado negociando con una clínica privada un convenio del Sistema Integral de Salud (SIS) para obtener ganancias económicas.

Caso Moreno: el primer escándalo político del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski
Carlos Moreno interpelido por la prensa peruana. / Twitter
Carlos Moreno interpelido por la prensa peruana. / Twitter

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Rodrigo Chillitupa Tantas

Rodrigo Chillitupa Tantas

Periodista peruano de la Universidad Jaime Bausate y Meza de Perú. Columnista sobre temas de la coyuntura cultural, política y social en América Latina. Escribe en MUNDIARIO

Era el pasado sábado 8 de octubre. En el boletín oficial El Peruano se publicaba la resolución que daba por culminada la asesoría presidencial del médico Carlos Moreno en temas de salud en el presente gobierno. Nada de lo habitual con la despedida de un ex colaborador del régimen. Sin embargo, al día siguiente, la propalación de unos audios, donde se escuchaba la voz de Moreno, movió los cimientos de la política peruana, pues se daba cuenta que este señor negociaba, nada más y nada menos, con una clínica privada un convenio del Sistema Integral de Salud (SIS) para obtener ganancias económicas. Y en la que también se encontraba involucrado el Arzobispado de Lima.

A partir de este hecho, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ha sufrido su primera crisis política ya que Moreno era muy cercano al entorno presidencial, en su calidad de asesor. Se reunía con el presidente y, también, tentaba el poder de ser ministro de Salud y sacar del cargo a Patricia García. Pese a que el régimen adoptó la medida drástica de destituirlo de inmediato por este escándalo, la duda sobre presuntos “negocios bajo la mesa” de funcionarios públicos a inicios de este nuevo periodo presidencial, ya se instaló de inmediato; más aún que, en los anteriores gobiernos, también sucedieron escándalos de la misma magnitud.

Durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), la figura del asesor Vladimiro Montesinos fue muy influyente en todas las instituciones del Estado peruano, pues fue el jefe del Servicio Nacional de Inteligencia (SIN), controlaba  a las Fuerzas Armadas, compraba medios de comunicación y políticos para que se puedan adherir a la dictadura. En pocas palabras, cogobernaba con el ex presidente Fujimori, pero, como todo régimen que destruyó la institucionalidad de la democracia, acabo mal. Montesinos se encuentra en la cárcel purgando condena por delitos que van desde la violación de los derechos humanos y corrupción.

Asimismo, en la administración de Alejandro Toledo (2001-2006), también se registró una situación similar. Una conversación entre César Almeyda y el fallecido general Oscar Villanueva, famoso por ser “cajero” del ex asesor Montesinos en los noventa, desató cuestionamientos en esa época, debido a que Almeyda era amigo de Toledo y hablaba a nombre de ese gobierno con Villanueva, para que este le dijera información de personajes ligados a la corrupción durante la década del fujimorismo. Por este tema, hasta se pidió la renuncia del presidente Toledo por ser incapaz de superar la crisis política que se gestó.

De la misma manera, en el segundo gobierno de Alan García (2006-2011) se dieron dos casos: los “Petroaudios” y los “Narcoindultos”. El primero sucedió en el 2008, cuando se descubrió el “faenón” entre Rómulo León, ex ministro aprista, y Alberto Quimper, quienes negociaban la concesión de cinco lotes petrolíferos para la compañía noruega Discover Petroleum a nombre del Estado, a raíz de ello, el gabinete de Jorge del Castillo cayó. Luego pasaría el tema de los “narcoindultos”, donde se supo de una red liderada por Miguel Facundo Chinguel para beneficiar a través de indultos humanitarios a personas que purgaban condena por narcotráfico y que, luego de salir de prisión,  siguieron delinquiendo. En ambos casos, los involucrados fueron juzgados por la justicia.

Por último, en el gobierno de Ollanta Humala (2011-2016) también se dio el escándalo de un funcionario público, en este caso de Omar Chehade, quien era el segundo vicepresidente de la República, y había organizado una reunión con mandos policiales con el objetivo de preparar una acción de desalojo a los trabajadores de la azucarera Andahuasi y así favorecer al grupo empresarial Wong. ¿Qué ocurrió en este caso? Nada, pues Chehade se excusó en su inmunidad como congresista para no ir a la cárcel por tráfico de influencias.

Y ahora ocurre lo del caso Moreno en la gestión de Kuczynski, que antes de que asumiera las riendas del poder, se sabía de la existencia de personajes de su entorno que querían obtener favores particulares. Pero fuera que ocurran este tipo de casos de presuntos lobby, el tema de fondo tiene que ver con el poco cuidado, por parte de los mandatarios, para seleccionar a sus asesores presidenciales que respondan a su función de aconsejar en temas de Estado. O de llevar en sus respectivas organizaciones políticas a gente que solo tiene el objetivo de enriquecerse utilizando el poder de turno, mediante negociados privados con fondos públicos.

Si bien no ocurriera ello, entonces se debe poner más énfasis para establecer  filtros solidos a nivel gubernamental que permitan bloquear a estos personajes. Basta con que la política peruana se encuentre desprestigiada y en crisis desde hace más de dos décadas, para que aún subsista este tipo de escándalos, donde la corrupción sea el desencadenante principal. ¿Qué hará la gestión de Kuczynski para que no aparezcan más adelante asesores como Moreno? El tiempo se encargará de brindarnos una respuesta a esta interrogante.

Por lo pronto, la oposición ya se encarga de investigar más sobre el tema y llegar a fondo, pues se está hablando de los fondos que todos los peruanos contribuimos y que, de alguna manera, está siendo observado como una auspiciosa mina de oro por lobistas en las sombras.