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Así manipulan el pasado para justificar la secesión de Cataluña o falsificar la historia de Galicia

La expresión “Corona Catalano-aragonesa” carece de todo fundamento para la inmensa mayoría de los historiadores solventes. Esa denominación fue establecida en el siglo XIX a partir de la llamada “Renaixencia”, por parte de quienes trataron de asignar al Condado de Barcelona una categoría histórica que nunca tuvo.

Así manipulan el pasado para justificar la secesión de Cataluña o falsificar la historia de Galicia
Un manual de medidas nunca aplicadas
Un manual de medidas nunca aplicadas

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Profesor titular de la Universidad de Vigo. Periodista y columnista de MUNDIARIO. Es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. Pertenece a diversas asociaciones profesionales y académicas de Europa y América.

Alguna vez he citado la magna obra del profesor Eduard Meyer El historiador y la Historia antigua (Fondo de Cultura Económica. Sección de Obras de Historia, segunda reimpresión en España, Madrid, 1983), en la que denuncia el repetido fenómeno de que para justificar el presente no se dude en reinventar el pasado. Pareciera que estaba pensando en el actual proceso que vivimos en España a propósito de Cataluña, que entre nosotros cuenta con resueltos simpatizantes que usan el método que ya tempranamente denunció Meyer para fabricarse un pasado que se acomode a sus propósitos.

Resulta bochornosamente osado que, pese a que este asunto ha sido repetidamente desmontado por la historiografía más solvente, algunos se empeñen en invocar la patraña de la “Corona Catalalo-Aragonesa” que sencillamente nunca existió, puesto no hubo otra realidad que la Corona de Aragón que comprendía al Condado, que no reino, de Barcelona.

Que alguien emplee con pretendida propiedad la expresión “Corona Catalano-aragonesa” carece de todo fundamento para la inmensa mayoría de los historiadores solventes.  Esa denominación fue establecida en el siglo XIX a partir de la llamada “Renaixencia”, por parte de quienes tratan de asignar a la región catalana una categoría histórica que nunca tuvo y se llega incluso a darle la vuelta como si Cataluña fuera la clave del reino del que formaría parte Aragón, y no al revés.

 

                        Las nacionalidades de Pi i Margall [640x480]

La biblia del federalismo

 

Lo que decía Toybee

Decía Toynbee que la historia se puede empezar a contar desde donde uno quiera comenzarla. Y a partir de ahí, con la manipulación que denuncia Meyer empezar a extrapolar los episodios y establecer consecuencias, como se viene haciendo con respecto a la propia historia de España como nación.

En su momento, la interpretación marxista de la historia del mundo abundó en esa técnica, cuyo exponente más grosero era interpretar los hechos del pasado con perspectivas y criterios del presente y no de su contexto. Por ejemplo, Espartaco no era un dirigente revolucionario, sino un esclavo que deseaba escapar del yugo de Roma y volver a su casa. Sin salir de Galicia, el profesor Ferro Couselo explicaba que “os Irmandiños” no pretendían cambiar el orden social, sino restablecer unas soportables condiciones de vasallaje. Y pese a ello, se han publicado otras interpretaciones.

Hace unos años, un sector del nacionalismo gallego editaba unos interesantísimos Cuadernos de educación política, Edicións Terra e Tempo, que contenían los fundamentos marxistas-leninistas de su propio ideario. Uno de aquellos cuadernos estaba dedicada a la “cuestión nacional” (Principios del Leninismo nº 6), obra del comisario de las nacionalidades Jósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Stalin. Comparar lo que dice este documento y, sobre todo, la falsa teoría de que las repúblicas de la URSS podían declararse independientes cuando quisieran echaba por tierra toda la doctrina de quienes lo tomaban como guía práctica hacia la libertad de la Galicia sometida.

 

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Mapa del Reino de Aragón, no de la Corona Catalano-Aragonesa

 

Por cierto que uno de los más pintorescos episodios de esta historia tuvo lugar, tiempo ha, cuando se trató de buscar un héroe nacional para Galicia y se pensó en el mariscal Pardo de Cela, por considerarlo un héroe de la resistencia frente a los Reyes Católicos. Se pasaba por alto que Pardo fuera un duro señor feudal. Eso era lo de menos. Para sostener intelectualmente su candidatura, sin que nadie la hubiera leído, se invocaba la referencia del padre Zurita “Doma y castración del Reino de Galicia” en su magna obra Anales de la Corona de Aragón que era una cita muy querida por Castelao. Cuando a alguno de los postulantes se le ocurrió echarle un ojo, del mariscal dejó de hablarse y se corrió un velo nacional-popular sobre el asunto.

 

Aclarando lo de la “doma”

El profesor Pardo de Guevara, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y director del Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento” desmontó hace tiempo la cita de esta crónica que Castelao introdujo en su discurso en las Cortes republicanas el 18 de septiembre de 1931 y que fue durante tiempo una cantinela de ciertos sectores del nacionalismo gallego. Asunto independiente, eso sí, del efecto que causó en detrimento del gallego el introducir el uso del castellano en las Reales Audiencias. Pero eso es otra cosa.

Reproduce Pardo de Guevara lo que escribe Zurita sobre el asunto, que dice:

“En aquel tiempo se comenzó a domar aquella tierra de Galicia, porque no sólo los señores y caballeros della pero todas las gentes de aquella nación eran unos contra otros muy arriscados y guerreros, y viendo lo que pasaba por el conde [de Lemos] -que era gran señor en aquel reino- se fueron allanando y reduciendo a las leyes de la justicia con rigor del castigo”.

Y seguidamente nos aclara:

El sentido de esta breve alusión está muy lejos de coincidir con la interpretación de Castelao, quien asume el término "doma" en su sentido literal y lo extiende al conjunto del reino gallego para extraer, a partir de ahí, esa visión intencionadamente sesgada -el añadido de la "castración" es por sí mismo revelador- que ha quedado anotada. En realidad, el sentido de las palabras de Zurita, analizadas en todo su contexto, asemeja ser exactamente el contrario. Y esto sí que merece una breve reflexión.

Y abundando en la interpretación que el propio Zurita daba a la expresión “doma”, Pardo de Guevara precisa:

Debe situarse el término "doma", utilizado -siguiendo los textos de la época- en relación con la política real que permitió restaurar la paz y el orden en Galicia, al igual que "reducir", "allanar" "remediar", "someter", "sujetar", "rendir" o simplemente "asentar", que con idéntico sentido utiliza el mismo cronista al tratar de la resistencia de la ciudad de Trujillo o del marquesado de Villena, o de los asuntos de Navarra, Aragón, Cataluña, Cerdeña o Italia.

Todo esto es apenas un ejemplo de las torticeras referencias con que se arma en nuestros días la pretendida necesidad de desmontar la nación española como un ente cuya existencia no está justificada y, por lo tanto, debe ser reconvertida en una serie de naciones independientes y soberanas, a partir obviamente del condado de Barcelona, con la más burda manipulación de la realidad histórica.

En todo caso, sin ir más lejos, desde la propia Constitución de Cádiz, quedó clara la voluntad soberana de la nación española (pese a los avatares de la independencia de los territorios ultramarinos) de ser una plena y unida, solidaria y constituida por ciudadanos iguales y libres, de todas las regiones de España. Y en eso estaba de acuerdo el propio federalista Pi y Margall como queda expresado en su obra Las nacionalidades. Por cierto que el ilustre republicano se refiere en el citado volumen a lo que ahora llamamos El País Vasco simplemente como Provincias Vascongadas, mira por dónde.

No deja de ser reseñable que en su obra de despedida Mi testamente histórico-político (Planeta, Barcelona, 1975), Don Claudio Sánchez Albornoz expresara sus temores sobre el futuro de España y señalara que una federación sirve para unir lo separado, pero no para separar lo unido. En ese sentido, otros historiadores recientes han bromeado con la pretensión de convertir España en un remedo de la monarquía Austro-Húngara o algo parecido. Y conviene que, cuando se citan otros ejemplos, como la República Federal de Alemania conviene saber que este estado surge del empeño de Adenauer de evitar que, como estaba previsto, se aplicara el plan de los Estados Unidos de convertir Alemania en una serie de estados independientes e inconexos para evitar que por tercera vez desde 1870 provocaran una tercera guerra europea o mundial.

No se discute el derecho de cada uno a defender lo que le parezca mejor para su comunidad autónoma o para el futuro todo de España. Pero por lo menos que no reinventen el pasado para justificar el presente y el futuro que pretenden. A base de enjaretar mentiras, claro. @mundiario