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La crisis institucional del secesionismo confirma la desaparición de la izquierda

La crisis catalana pone en evidencia dos hechos consumados: la desaparición de la lucha por la igualdad y que la corrupción se ha instalado en las instituciones para siempre.

La crisis institucional del secesionismo confirma la desaparición de la izquierda
Artur Mas. / ejecentral.com
Artur Mas. / ejecentral.com

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. Actualmente es columnista y crítico de MUNDIARIO.

Me cuenta un amigo abogado, experto en Derecho Fiscal: "Que no te engañen. La aceleración del proceso independentista no es más que el pretexto para ocultar los graves casos de corrupción que se ocultan detrás de muchos consejeros y mandatarios del Govern". No sé qué decirle.

La crisis institucional que atraviesa nuestro país confirma una vez más que los problemas sociales se agravarán con una cronificación del "conflicto". Y serán incurables. Lo peor de todo es que los políticos están utilizando la calle para unas reivindicaciones que se alejan de las exigencias sociales que podrían mejorar nuestra calidad de vida.

El robo compulsivo de fondos públicos ha convertido a la clase política en una estructura feudal capaz de emprender una cruzada en la que las masas acatan los propósitos aparentemente buenistas de las clases dirigentes, aunque conduzcan a un empobrecimiento progresivo de las clases medias.

Y los anarquistas y los comunistas han comulgado con el rancio dogma de que la revolución es el fin y no importan los medios, aunque el desenlace sea el caos económico y la fractura social, y el medio, una alianza con la corrupción de los partidos más conservadores del Govern. 

Lo peor de todo es que Podemos y aquellos que parecían ser adalides de la regeneración democrática están sirviendo a los intereses de un Artur Mas en la sombra y de un Puigdemont que se ha inmolado, (O no) y cuyo horizonte de expectativas es hacer todo lo posible para que Roma arda delante de sus ojos.

Lo peor de todo es que, después del desastre, después del fuego y el dolor, todos ellos serán indultados para que la mafia sobreviva en las instituciones.

Y las calles se llenarán de frustración, y de un silencio de resignación eterna. Y seremos más pobres. Y veremos el nudo de la tragicomedia. Que Puigdemont, Mas e Iglesias saldrán en El Hormiguero.

Y mis alumnos y yo seguiremos en aulas prefabricadas.