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La juventud identifica como algo normal costumbres que solo son una moda pasajera

La borrachera, la anorexia, la bulimia o los tatuajes constituyen costumbres que siempre han existido y marcaron clases sociales, épocas o circunstancias pasajeras. Ahora se han convertido en moda.

La juventud identifica como algo normal costumbres que solo son una moda pasajera
Tatuaje. / Facebook
Tatuaje. / Facebook

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Raúl Saavedra

Raúl Saavedra

Ingeniero industrial por la ETSIIM. Colabora en MUNDIARIO.

Los más jóvenes viven convencidos de que su comportamiento corresponde a costumbres que siempre fueron así o a una evolución del comportamiento hacia normas modernas que superan las de sus padres, pero ninguno sabe que simplemente están atravesando una moda pasajera. Tenemos como primer ejemplo la anorexia, enfermedad que tuvo una definición psicológica en los años 30 con el apogeo del psicoanálisis, pero que siempre existió con diversos fines. El más común fue el religioso, así ya en la edad media santas como Liduina o Wilgefortis la practicaron para conseguir un cuerpo que careciera de atractivo para los hombres. El ayuno y la abstinencia era una virtud que unos siglos después, la misma abstinencia, le valió a la Inquisición para identificar a las brujas. Algo parecido sucedió con la bulimia que ya practicaban los romanos para saciar sus ganas de comer sin llenar el estómago, aunque no fue definida como tal hasta 1987. Eran actitudes muy minoritarias, casi insignificantes, que renacieron con fuerza al identificar la delgadez con la belleza al estilo de Victoria Beckham o las modelos que acabaron siendo prohibidas en un intento de evitar el ejemplo. En la posguerra eso no existía porque si no querías comer, esa misma comida la cenabas y sino la desayunabas además de severos castigos. Recuerdo a una prima que no gustaba de la sopa y su madre le puso el plato de sombrero. Entonces las desviaciones se cortaban de raiz al primer intento y no eran visibles porque primaba el principio de autoridad y disciplina. Seguirá habiendo casos patológicos pero como moda desaparecerá y volverán las curvas y hasta las mujeres rellenitas.

Otra cosa que nuestros jóvenes consideran normal son los tatuajes y los piercing, una moda que también será pasajera. En este caso el modelo fueron los deportistas más afamados, especialmente a partir de Beckham. No ayuda para dirigir un banco pero si para jugar al futbol o al baloncesto, sin embargo poca gente se libra hoy de un pequeño tatuaje que los padres acaban regalando a los hijos. Al igual que en el caso de las supuestamente deseadas modelos, aquí la expansión de la moda viene cuando algunos famosos nos borran la idea de que los tatuajes y piercing es cosa de piratas, vikingos, malhechores o tribus indígenas sin evolucionar. Algo parecido ocurre con la borrachera. El hombre bebe desde que descubre el vino. Era la bebida favorita y se servía en todas las mesas de ricos mezclándola con agua para no emborracharse. Era el brebaje que daba valor antes de la batalla o el premio de la victoria, pero nunca la borrachera fue bien vista. Hasta no hace mucho el mérito era beber y no emborracharse, "aguanta mucho", se decía como un mérito, o "si no sabes beber no bebas", como un reproche. Lo de estar borracho al principio de la fiesta es una moda que viene del mimetismo de héroes americanos de película que incluso ebrios o alcohólicos resuelven los problemas, agravada por el hábito que se ha impuesto de que los jóvenes centren su diversión en la noche. Esta moda depende mucho de que los hijos de la generación del 68, la de la tolerancia que generó unos hijos que practican la hiperpaternidad, se vayan extinguiendo. Aún falta pero pasará.

Las películas americanas han logrado muchos cambios en nuestras costumbres. Primero nos llevaron del vino a las cervezas, de saber "tirar" bien una caña, aquella típica cerveza de barril, a convencernos de que lo mejor es abandonar el vaso y beber botellines a morro con todo su gas, y hasta a terminarlo con un erupto. Tenemos ahora sed a todas horas y la pose de inclinar la botella y dar un trago caló tanto que hasta las mujeres llevan su botellita de agua en el bolso y los coches tienen posabotellas para ir calmando una sed que nunca habíamos tenido.

Otra tendencia moderna que toca a su fin es la de no servir a nadie y si es posible no tener ni jefe, ser autónomo sin empleados, no dar cuentas a nadie ni tener que pedirlas. No hace mucho en España el servicio militar era obligatorio como sucede en la mayoría de países, un servicio gratuito a la patria donde se juraba bandera. A él se iba con 20 años y ya se salía adulto. La prisa por abandonar la adolescencia e independizarse, como sucede en EE UU o Alemania hoy, era tal que gran cantidad de muchachos que no iban a la universidad (estos pedían prórroga) entraban voluntarios a los 18 años. Allí se relacionaban con gente de todas las regiones, lo que para muchos era su primera experiencia fuera de casa, y con el mismo uniforme servían a la misma patria y a la misma bandera sin dejar de ser vascos, catalanes, gallegos o andaluces. El afán de no servir llevó a que todos los puestos de camareros, cajeros, y servicio doméstico fuese ocupado por inmigrantes extranjeros o mujeres sin otras opciones. El fin está tan cerca que hoy ya las mujeres son mayoría en las universidades y los puestos de cajera o camarera están siendo ocupados por hombres y españoles. 

No piensen los jóvenes que el mundo es como lo ven,  el mundo cambia, las costumbres cambian, y lo que fue moda será superada por otra en un nuevo ciclo; por ejemplo, Suecia y Dinamarca han recuperado el servicio militar obligatorio.