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El sector naval se recupera con nuevos contratos y carga de trabajo

En el primer semestre de 2017 se han firmado 17 nuevos contratos de buques. El sector, en plena transformación a la industria 4.0, es motor económico en varias regiones costeras y contribuye de manera importante al crecimiento de las exportaciones españolas.

El sector naval se recupera con nuevos contratos y carga de trabajo
Entrega del Bima Suci a Indonesia, en astilleros Freire de Vigo. / Xunta de Galicia
Entrega del Bima Suci a Indonesia, en astilleros Freire de Vigo. / Xunta de Galicia

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Oriol Sarmiento

Oriol Sarmiento

Decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Galicia. Colaborador de MUNDIARIO.

El  naval es otro de los sectores cíclicos que han sufrido un enorme retroceso durante estos años de crisis económica. Una situación que se agravó debido a sus  tradicionales amenazas, una fuerte competencia de países asiáticos, la dependencia de los precios del petróleo y de los mercados financieros, y unos márgenes de beneficio cada vez más pequeños. En 2011, la situación se complicó más con el “tax lease”, el expediente abierto por la Comisión Europea, que obligó a devolver las ayudas del Estado recibidas por los astilleros españoles.

Han sido años difíciles hasta llegar a 2017, en el que por fin se han recuperado  las buenas sensaciones y los datos de los años anteriores a la crisis. A finales del pasado  mes de junio se celebraba en Madrid la Junta General de Accionistas de PYMAR, la sociedad española que agrupa a los 19 principales astilleros privados. Su presidenta, Almudena López del Pozo, confirmaba entonces “un importante incremento de su contratación durante los primeros meses de 2017, tanto en número de buques contratados como en volumen y complejidad”. 

Los datos reflejados en el boletín trimestral publicado en julio por el Ministerio de Economía así lo confirmaban. En el primer semestre de 2017 se habrían firmado 17 nuevos contratos para construir buques, que harían una cartera de pedidos acumulada de 60 y que suponen un importante nivel de ocupación de los astilleros, prácticamente todos con carga de trabajo firmada o en construcción.

Por el camino han quedado astilleros y empresas auxiliares. Y el efecto todavía dura. Este mismo mes de septiembre, La Naval,  un astillero vasco con más de 100 años de historia, dedicado al diseño y construcción de buques de alto valor añadido,  entraba en concurso de acreedores. Pese a tener una buena cartera de pedidos, los estrechos márgenes y otras  razones relacionadas con el accionariado y la gestión, le habrían hecho entrar en pérdidas.

Durante esta travesía en el desierto, la solución para otros astilleros fue la entrada de capital extranjero. Uno de los casos más sonados fue la venta del astillero vigués  Hijos de J. Barreras a la petrolera estatal de México, Pemex. En 2012 se hacía con el 51% del astillero. Un asunto muy politizado desde los primeros meses cuando la Xunta de Galicia anunciaba en vísperas de elecciones la adjudicación de varios buques para la propia flota de Pemex, a la propia Barreras y al astillero público Navantia, dentro de un marco más amplio de colaboraciones. La oposición siempre acusó a la Xunta de oportunismo electoral y el tiempo le ha dado la razón. La caída del precio del crudo y todos los quebrantos que eso generó a Pemex, cambió por completo los planes de la empresa y, construidos esos dos primeros buques, los demás proyectos planificados para Galicia quedaron en nada. Hoy en día, la petrolera mantiene su parte en el accionariado del astillero pero lo hace desligada de su gestión.

El sector naval en España

El sector de la construcción naval, que sufrió una dura reconversión en los años 80 del siglo pasado, es hoy un referente internacional en diseño y construcción de buques con alta tecnología y valor añadido, buques de transporte de combustibles y químicos, remolcadores, pesqueros, buques oceanográficos, ferris o cruceros de lujo. También en construcción tradicional, barcos de pasajeros, de pesca, lanchas patrulleras o yates de recreo.

Se trata de un sector exportador y un importante motor industrial en varias regiones de la costa, con una contribución importante al crecimiento de las exportaciones de España, con muchos de los pedidos destinados al mercado internacional. Es un mercado muy globalizado, sin existencia de aranceles y dominado por China, Corea y Japón hasta el punto de que estos países acaparan cerca de un 90% de la producción mundial.

Los astilleros españoles se encuentran en la actualidad inmersos en plena transformación a la industria 4.0, en términos de tecnologías y modelos de negocio, con la digitalización de empresas y la cadena de valor. Destacan diferentes programas de los gobiernos vasco y gallego para contribuir a este cambio, aplicados tanto a las empresas como a los trabajadores del sector.

La última entrega de un buque en España se hacía el pasado 12 de septiembre, en los astilleros Freire de Vigo. Se trata del buque escuela N/C 705 K.R.I Bima Suci para el Ministerio de Defensa de la República de Indonesia. El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Nuñez Feijoo, aprovechaba para destacar la capacidad del  sector  “para competir en concursos internacionales altamente exigentes y  ganarlos”.

Además de la actividad de los astilleros, el sector naval español  también crece a través de proyectos relacionados con el naval offshore.  Dragados Offshore, la empresa constructora de plataformas situada en la provincia de Cádiz, anunciaba en julio la construcción de una plataforma de conversión HVDC para un proyecto de 900 MW en el mar del Norte y una subestación en tierra, en Alemania. Se trata de proyectos para facilitar la evacuación de  la energía eléctrica de los parques eólicos offshore, transportando corriente continua en alta tensión.

El desarrollo de la eólica offshore en el mar del norte, en un marco de gran crecimiento de las energías renovables a nivel mundial, ha generado nuevas oportunidades que el sector naval español está sabiendo aprovechar. Son proyectos para el norte de Europa pues en España no se ha promovido ninguno, motivado, entre otras causas, por la escasez de plataforma continental en sus costas.

Astilleros públicos

Navantia es una sociedad pública dedicada a la construcción naval civil y militar, creada en 2005 como heredera de la empresa pública Grupo IZAR. Pero sus inicios, bajo otros nombres como el que tuvo en la segunda mitad del siglo pasado, Empresa Nacional Bazán, se remontan al siglo XVIII. Los astilleros públicos españoles están entre los principales diseñadores de buques militares a nivel mundial y cuenta con presencia en un gran número de países.

Además de proveer a la Marina Española, sus referencias en  fragatas y portaaviones de tecnología avanzada y alto valor añadido le han hecho adjudicataria de importantes contratos internacionales, como los suscritos con las Marinas de Australia o Noruega.

Tras unos últimos años de poca actividad, en 2017 se han entregado para la Marina de España, dos buques de acción marítima, los denominados BAM, construido uno en Puerto Real (Cádiz) y otro en Ferrol y se ha iniciado además  la fabricación de un primer buque logístico, de los dos contratados por la Armada de Australia.

Durante estos últimos años, abría una nueva línea de negocio con la construcción de plataformas y jackets para energía eólica offshore. El proyecto Wikinger, para Iberdrola, supuso un hito porque además suponía reabrir el astillero de Fene, en la ría de Ferrol. Se trataba de un contrato de una subestación eléctrica, fabricada en Puerto Real,  y la fabricación de 29 jackets, las enormes bases metálicas que soportan los aerogeneradores en el mar. En la actualidad se fabrican en Fene otras 42 para el mismo cliente.

Mientras el Gobierno no se decide con la contratación de nuevos buques para su Marina, en concreto las fragatas F-110, las expectativas de Navantia tienen un enfoque internacional. En primer lugar, la construcción de cinco corbetas para la Marina de Arabia Saudí, que se daba por hecho hace unos meses pero cuyo contrato todavía no ha sido firmado. Por otro lado, Navantia licita en el concurso de la Armada australiana para la construcción de nueve fragatas, en disputa con la italiana Fincantieri y la británica BAE Systems. La colaboración establecida a raíz de los anteriores contratos permite ser optimista.