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La Marea es cosa de Euskadi

El segundo cable transatlántico de datos que conecta a España con EEUU empieza a desplegarse desde las hermosas playas vizcaínas de Sopelana.

La Marea es cosa de Euskadi
Mapa de cables submarinos.
Mapa de cables submarinos.

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Carlos Pais Montes

Carlos Pais Montes

Licenciado en Matemáticas por la USC. Máster en Transporte Marítimo por la UDC y Políticas Públicas (UDC). Doctor en Economía (UDC). Escribe en MUNDIARIO.

Revival inesperado, fascinante y decididamente steampunk de la era de los cables de comunicación transatlánticos. Desde la fiebre vivida a finales del siglo XIX por la conectividad transatlántica de telégrafos y teléfonos, a la transmisión de datos a través de fibra óptica del siglo XXI, casi nada ha cambiado en la forma de enlazar localizaciones distantes: cable provisto de un armazón lo suficientemente resistente y flexible al mismo tiempo como para hacer frente a tempestades, fauna y anclas de buques; y buque emisor que vaya desplegando la entidad a lo largo del lecho marino.

El cable submarino de datos que unirá al País Vasco con Virginia Beach se llama Marea. Se trata de la segunda conexión física existente entre España y los EE UU desde la instalación de Columbus III en 1999 entre Miami y Conil (1). Tiene aproximadamente tres centímetros de diámetro y lleva en su interior ocho pares de hilos de fibra óptica (fase eastbound y fase westbound), del diámetro de un cabello, y capaces de mover en su conjunto 160 terabits por segundo, es decir, una velocidad 16 millones de veces más rápida que las conexiones domésticas que tenemos en nuestras casas. La intención principal es conectar a este nodo vizcaíno con el principal flujo de datos afluente desde/hacia el European Backbone, o principal área económica de la Unión Europea, situada dentro del corredor Londres-Colonia-Milán.

Con ello Microsoft y Facebook (que son los principales promotores de la iniciativa) esperan mejorar de modo substancial la conectividad entre los dos continentes. La empresa Telxius, creada por Telefónica en 2016, y participada en un 40% por el fondo de capital riesgo tecnológico neoyorquino Kohlberg Kravis Roberts desde hace unos meses, es la encargada de asumir la realización técnica de la infraestructura.

En base a los kilómetros y al coste estimado total de la operación que algunos medios aventuran (2), quizá no resulte demasiado desacertado aproximar un precio de 55.000 euros por kilómetro de cable desplegado, por lo que los 600 Km aproximadamente que se ahorraría Telxius, de haber instalado el cable en alguna localización gallega (evitando el agitado Cantábrico), redundarían en un ahorro aproximado, y no desdeñable, de 30 millones de euros para la empresa en esta operación.

Galicia, de nuevo, pierde oportunidades en términos de conectividad, y el ahorro de 30M€ es, a fin de cuentas, aparente. En torno a los dos extremos del cable tiene que haber una infraestructura nodal de telecomunicaciones capaz de gestionar de forma robusta, en primera instancia, las peticiones entrantes y salientes.

En este caso capacidad tecnológica del País Vasco resulta, de nuevo, lo suficientemente atractiva como para compensar este coste de oportunidad. Así, es muy posible que en los secretos planes del proyecto se haya considerado, adicionalmente, la alta probabilidad de la creación de fenómenos de clusterización industrial en torno al nodo saliente de la playa de Sopelana, es decir, la elevada probabilidad de que surjan empresas TIC que aprovechen la sinergia inducida por semejante infraestructura de telecomunicaciones.

A los gallegos sólo nos queda, pues, felicitar a Euskadi por su extraordinario desarrollo tecnológico (ejemplo de reconversión industrial bien ejecutada)…y trabajar para que Galicia sea el próximo nodo de referencia europeo para el momento en el que se decida gestionar un tercer cable transoceánico.

 

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Notas:

(1) http://submarine-cable-map-2015.telegeography.com/

(2) bit.ly/2scdj5R, bit.ly/2sAfmRM