Buscar

España mejoró su economía en 2016 gracias al turismo y la política del euro

La depreciación del euro frente al dólar ha ayudado a las exportaciones españolas pero la subida del petróleo es una amenaza para el crecimiento, donde es previsible una desaceleración.Tal vez toca promover una subida salarial.

España mejoró su economía en 2016 gracias al turismo y la política del euro
Humor con Omar.
Humor con Omar.

Firma

José Luis Gómez

José Luis Gómez

Fundador y editor de MUNDIARIO, también es columnista de la agencia Europa Press. Tertuliano de TVG y Radio Galega, colabora en La Región. Dirigió Capital, Xornal y La Voz de Galicia. Ex director editorial de Grupo Zeta. Autor del libro Cómo salir de esta. Coeditor del Anuario del Foro Económico de Galicia. Twitter: @J_L_Gomez

La economía española mejoró en 2016 gracias al turismo y la política del Banco Central Europeo, garante de la estabilidad financiera que mide la prima de riesgo. La depreciación del euro frente al dólar –propiciada por Mario Draghi– ha ayudado a las exportaciones españolas pero la subida del petróleo es una amenaza para el crecimiento, donde es previsible una desaceleración. Tal vez toca promover una subida salarial; máxime si se quiere reactivar el consumo.

Con independencia de cualquier desaceleración coyuntural, el salto de calidad dado por la economía española durante el pasado siglo XX y los primeros años del siglo XXI fue tremendo, hasta el punto de que, justo antes de la crisis de 2008, España se había situado entre los países más ricos del mundo. Tras la Revolución Industrial, la economía de guerra y el Plan de Estabilización, el último gran hito fue la entrada en la UE, en 1986, que marcó el devenir de España y su economía, para bien y para mal.

España lleva ya más de un cuarto de siglo (1986-2017) integrada en la UE, un período sin duda espléndido para la economía y, más en general, para la modernización social del país. Su acceso se produjo en plena efervescencia de la democracia y en tiempos de ilusión política, hoy venida a menos. ¿Problema? Desde Bruselas, unos políticos tecnócratas que no gestionan competencias les imponen a otros colegas que sí lo hacen las medidas que deben aplicar en sus países o comunidades. Con una particularidad: los primeros no son elegidos democráticamente, sino designados, mientras que los segundos responden de su gestión ante las urnas.

El Gobierno de Mariano Rajoy afronta 2017 con el reto de minimizar la desaceleración. También debe superar un menor ritmo en la creación de empleo

El Gobierno de Mariano Rajoy afronta 2017 con el reto de minimizar la desaceleración económica. También debe superar un menor ritmo en la creación de empleo, los ajustes de ingresos y gastos para cumplir el déficit público y, obviamente, la necesidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

España también tuvo su etapa imperial pero no por ello consiguió el bienestar que, a pesar de la crisis, hoy se conoce. Hubo etapas de mayor acumulación de riqueza pero nunca un reparto de la misma como el que ahora se disfruta. Pueden buscarse muchas explicaciones y seguramente no habrá un solo factor que lo justifique. Pero si en algo es posible coincidir es en que los mejores años de la historia de España se han vivido estando en Europa, es decir, compartiendo unas mínimas reglas con otros países del entorno natural de España. No solo se trata de que hayan llegado millones y millones en forma de fondos estructurales y de cohesión, sino de que el país se modernizó al tener que competir.

En una España aislada como la del dictador Francisco Franco, la generación de la Transición buscó en Europa los símbolos de la libertad y la democracia, y se terminó encontrando no solo eso, sino también el bienestar. El liderazgo de Felipe González (PSOE) fue, en ese sentido, decisivo en los ochenta y comienzos de los noventa, hasta el punto de que a medida que pasa el tiempo puede valorarse mejor la dimensión de su obra política, por mucho que al final se viese empañada por una más que lamentable corrupción y prácticas ilegales en la lucha antiterrorista.

La modernización de España se hizo en los años ochenta. El PSOE recuperó el poder en España en octubre de 1982, lo cual fue todo un acontecimiento dentro y fuera del país, ya que no sucedía nada similar desde antes de la guerra civil del 36, en un mundo muy distinto. Sin obviar sus dificultades ni sus méritos, la verdad es que tuvo suerte el PSOE: la Unión de Centro democrático (UCD) se desmoronó, Felipe González se había convertido ya en un encantador de serpientes y los españoles de izquierdas se olvidaron pronto del meritorio trabajo del Partido Comunista durante el franquismo para echarse en manos de un partido más moderado como el PSOE, sin apenas activistas pero con unas siglas de mucho peso y un liderazgo casi imbatible en aquellos tiempos en los que la alternativa terminó siendo Manuel Fraga Iribarne, un exministro de Franco.

El largo período de gobierno socialista, siempre con Felipe González al frente, se saldó con tres grandes éxitos y dos sonoros fracasos 

El largo período de gobierno socialista, siempre con Felipe González al frente, se saldó con tres grandes éxitos —la supremacía del poder civil frente a unos militares que venían de dar un golpe de Estado en 1981, el ingreso en Europa en 1986 y una política económica socialdemócrata basada en un moderno sistema fiscal— y dos sonoros fracasos: la corrupción y los denominados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Fueron las luces y sombras del cambio que fue afianzando la democracia y las comunidades autónomas, sin resolver del todo el encaje de Cataluña en España, que todavía colea a la altura de 2013. 

El final del felipismo, en 1996, fue realmente amargo y quizá por eso el siguiente presidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero —sucesor en 2004 del conservador José María Aznar (PP)— nunca quiso asociarse con la época de mayor esplendor del socialismo en España. Solo así se explica la distancia del zapaterismo del expresidente González e incluso sus reticencias ante el grupo de comunicación más afín a la socialdemocracia, Prisa.

Cuando se redactó la Constitución en 1978 no existían las autonomías como se conocen ahora y España no había ingresado en la entonces llamada CEE, la actual UE. Más de veinte millones de españoles de entre 18 y 52 años no han tenido ocasión de pronunciarse sobre la Carta Magna. Es lógico, por tanto, que se produzcan desajustes de alcance en la maquinaria de las distintas administraciones que nos gobiernan y, por esa misma razón, que las nuevas instituciones traten de encontrar el mejor engranaje para atajar el conflicto o deshacerse del lastre. La complejidad aumenta más, si cabe, a medida que se producen intervenciones directas de la UE o del BCE, fenómeno reciente pero de un calado extraordinario, debido a la gravedad de la crisis financiera de España, especialmente a partir de mayo de 2010. Ahora bien, la crisis no puede ser un pretexto para aplazar su reforma cuando la Constitución actual se elaboró en medio de otra crisis. En todo caso, la condición necesaria sería que el nuevo consenso necesario no sea inferior al de 1978.