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La enredada reforma fiscal de Trump pone a los socios del TLCAN en aprietos

El presidente de los Estados Unidos teme sufrir un nuevo ridículo en el Capitolio y ha apostado todas sus fichas a este proyecto a costa de descuidar el acuerdo comercial.

La enredada reforma fiscal de Trump pone a los socios del TLCAN en aprietos
Países que forman parte del TLCAN. / youtube.com
Países que forman parte del TLCAN. / youtube.com

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

Formado en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, es un comunicador social que colabora en MUNDIARIO, donde también coordina el área de Política. Twitter: @mundiario

La reforma tributaria impulsada por el Partido Republicano amenaza con empañar la próxima ronda de negociaciones para la renovación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Los negociadores de los tres países socios (Canadá, México y Estados Unidos) acudirán a esta quinta ronda sin esperanzas de grandes avances ante la reforma en cuestión, que se ha convertido en la nueva obsesión de la Casa Blanca.

Será la Ciudad de México la que hospede este nuevo círculo negociador y lo hará en medio de polémicas pues muchos de los grandes nombres del sector empresarial de Estados Unidos han calificado las propuestas hechas por Washington D.C. como "píldoras venenosas para el proceso". Probablemente la más fuerte de ellas es la fecha de expiración automática que el Despacho Oval pretende imponer en el acuerdo. Aquello indignó a canadienses y mexicanos, que cerraron filas ante semejante posibilidad.

Lo cierto es que Trump y su obstinación le podrían meter en un nuevo lío tanto a él como a sus socios de este acuerdo. El presidente estadounidense nunca ha ocultado su deseo de abandonar el TLCAN, pero eso representaría generar más anticuerpos en el seno del Partido Republicano, pues muchos de los representantes del partido ven con buenos ojos el ejercicio de libre comercio. Tocarles las cosquillas comprometería todavía más la aprobación del plan tributario que empieza a convertirse también en un quebradero de cabeza. Todo el oxígeno político aquí ha sido absorbido por la reforma tributaria", dijo el representante republicano Frank Lucas, uno de los partidarios de mantener vivo el TLCAN. "Todo es impuesto, el 100 por ciento del tiempo", explicó.

En ese ambiente de incertidumbre y de orgullo, pues ninguna de las partes está dispuesta a ceder terreno para los demás, el día lunes les salió un enemigo inesperado a todos: los millonarios estadounidenses. Un grupo de 400 empresarios de los más ricos de Estados Unidos enviaron una carta a la Casa Blanca para pedir al jefe de Estado que de marcha atrás en su reforma fiscal.

Y es que Trump jugó con fuego e hizo suyo el proyecto trazado por los representantes conservadores, con todo y el inciso que sostiene los impuestos para las empresas a fin de favorecer a la invasión extranjera y la creación de nuevas sociedades. Aquello era un anzuelo y los empresarios no lo mordieron, por lo que avisaron al presidente que seguir adelante en ese plan aumentaría la deuda pública. Este séquito, agrupado en la organización llamada Riqueza Responsable, le ha dado un lío que probablemente el republicano no vio venir. Ensimismado en los proyectos domésticos, Trump no da pistas de querer colaborar con el TLCAN, y mucho menos ahora con una piedra que amenaza con volver a dejarlo en ridículo en el Capitolio.