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En términos objetivos, la actuación española en Río 2016 puede calificarse de mediocre

Una comparativa matemática sencilla muestra el estancamiento de España en la competición internacional. En todo caso, los deportistas españoles han ofrecido un comportamiento ejemplar y en muchas ocasiones admirable.

En términos objetivos, la actuación española en Río 2016 puede calificarse de mediocre
Olímpicos españoles en Río de Janeiro encabezados por Rafa Nadal.
Olímpicos españoles en Río de Janeiro encabezados por Rafa Nadal.

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Marcelino L. Fernández Mallo

Marcelino L. Fernández Mallo

Economista con larga trayectoria en el sector financiero, fue coordinador del área de Economía de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista. También colabora en otros medios de comunicación y es autor de novelas como A trenza, Klásicos o Pallarega, en lengua gallega, y El Danubio no pasa por Buenos Aires, en lengua castellana.

Ocurre en la política, en la empresa, en la evolución personal de cada cual, en cualquier ámbito: los resultados son interpretables en función de las posiciones y los intereses. Unos califican un suceso de histórico mientras que otros tildan de varapalo ese mismo acontecimiento. Quedar séptimo en una competición puede dejar satisfechos a muchos y frustrados a otros tantos.

La definición de objetivos

Tanta discrepancia se reduciría si antes de abordar un proceso competitivo, nos tomásemos la molestia de fijar objetivos. Si éste fuese quedar décimos, una séptima posición debería considerarse un éxito; si la pretensión fuera alcanzar la tercera plaza, aquella séptima supondría un fracaso. Claro que entonces la cuestión estribaría en la calidad del objetivo: ¿está bien o está mal determinado? ¿Se han evaluado los factores incidentes con rigor y ecuanimidad? Pues unas veces sí y otras no tanto.

Con frecuencia el objetivo se establece en clave de evolución. No es mala solución. ¿Lo hemos hecho mejor o peor que en las anteriores convocatorias? Esta podría ser una primera medida a aplicar en Río 2016. ¿Ha estado el deporte español mejor o peor que en los Juegos anteriores? Si tomamos como unidad comparativa el número de medallas, sin entrar en ponderaciones que compliquen el análisis, la conclusión no resulta favorable.

En Atenas 2004, fueron 20 las medallas españolas; en Pekín 2008, 18 trofeos; en Londres 2012, 17 metales; en Río 2016, los mismos 17 laureles. La evolución del medallero español dibuja una escalera en descenso el cual parece haberse detenido gracias al arreón de las dos últimas jornadas. Los dirigentes deberían analizar este, llamémoslo, estancamiento y no dejarse deslumbrar por la afortunada producción de oros, nunca tan fructífera desde aquellos 13 de Barcelona 92.

Benchmarking

Si en términos de evolución, la participación de España no anima a intentar un triple salto mortal de alegría, la comparativa estática puede provocar más de una lesión en la autoestima de algunos directivos, cuyas manifestaciones hiperbólicas poco tienen que ver con el balance ecuánime que se debe esperar de las altas instancias del deporte español (el presidente del COE ha llegado a afirmar que “pocos países nos superan”).

Procuremos ese análisis desapasionado. Circunscribimos la valoración al entorno semejante, esto es, la Unión Europea, y seleccionamos los veinticuatro países que han obtenido medalla (todos excepto Letonia, Luxemburgo, Malta y Chipre). Calculamos entonces un índice sencillo y representativo: el número de medallas por millón de habitantes. Veamos resultados.

Gran Bretaña, el país europeo con mayor número de trofeos, presenta un índice redondo: una medalla –total de 67– por millón de habitantes. La media de la Unión Europea resulta ser de 0,64 medallas (325 metales para 512 millones de personas). Pues bien, España alcanza un ratio de 0,37 y ocupa el puesto 18 entre el total de 24. Se sitúa muy lejos de países como Dinamarca (2,63) o Croacia (2,38), los líderes de este particular ranking, y también por debajo de las principales delegaciones: además de la ya mencionada Gran Bretaña (1,03), ahí están Francia (0,65), Alemania (0,51) o Italia (0,48).

En general, los deportistas españoles han ofrecido un comportamiento ejemplar y en muchas ocasiones admirable. Es algo que tienen los Juegos, un evento donde cada participante se ve impelido a explorar sus límites, a desafiar los umbrales del esfuerzo personal. Nuestra felicitación. Sin embargo, dejar aquí la evaluación reduciría nuestra actitud a la propia del forofo. Hemos de analizar con frialdad el resultado colectivo. Y éste ha estado por debajo del que nos correspondería atendiendo a la posición de España en el mundo.

Si aplicáramos esa media de 0,64 medallas por millón de habitantes alcanzado por los países de la UE, España habría obtenido 30 medallas en Río. Con el índice italiano, el más bajo entre las principales delegaciones europeas, la cosecha habría sido de 22. En ese intervalo 22-30 habría que situar el objetivo para Tokio 2020.