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Retratos y canciones infantiles en El libro de los guarripios, de Arnod Lobel

Kalandraka publica El libro de los guarripios, breves fábulas sobre la vida de los cerdos, acompañadas de ilustraciones que incitan a la melancolía y a la ensoñación.

Retratos y canciones infantiles en El libro de los guarripios, de Arnod Lobel
Portada de El libro de los guarripios./ Kalandraka
Portada de El libro de los guarripios./ Kalandraka

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. Actualmente es columnista y crítico de MUNDIARIO.

Lo que caracteriza al libro de Arnold Lobel es su habilidad para conmover desde unas ilustraciones definidas por suaves texturas llenas de matices. Esa tonalidad y ese trazo otorgan a estas fábulas sobre cerdos un aura de nostalgia y melancolía.

El uso del limerick, estrofa de cinco versos con rima consonante, nos descubre debajo de cada ilustración un universo propio en el que los cerdos viven sus particulares aventuras. Pese a ese rasgo nostálgico que desprenden muchas de sus composiciones, el tono humorístico del limerick pervive en esta clase de texto: "Había una cerda en Tudela/ que hacía pastel de ciruela./ ¡Y cuántos vecinos/ -marranos, cochinos-/ comían pastel de la abuela!" (pág. 16)

La personificación del animal pasa por la paradoja, los engaños y los problemas cotidianos que convierten a los cerdos en algo más que seres humanos; más bien en motivos o alegorías de lecciones morales donde el humor y la crítica a las preocupaciones innecesarias gobiernan su mundo: "Un cerdo vivía agobiado/ al no ver su rabo enrosacdo./ Cambió las papillas/ por pasta y rosquillas/ y el rabo quedó enrosquillado" (pág. 12)

La traducción de Miguel Azaola logra mantener el ritmo y la rima de los textos de Lobel, cuyo dibujo inconfundible se caracteriza por la ternura que otorga a diversas situaciones en los que estos guarripios se encuentran en apuros, algunos de difícil solución, como dictan algunos de estos limericks.