Buscar

Miguel Delibes y Molledo, la historia de un amor correspondido

El escritor castellano mantuvo en vida una estrecha vinculación personal y familiar con este pequeño pueblo de Cantabria, fuente de inspiración de una de sus obras más famosas, El camino.
 

Miguel Delibes y Molledo, la historia de un amor correspondido
Miguel Delibes, autor de Un mundo que agoniza.
Miguel Delibes, autor de Un mundo que agoniza.

Firma

Fernando Cueto

Fernando Cueto

Publicitario, escritor y bloguero. Colaborador de MUNDIARIO.

Cae la niebla ocultando el Navajo, el monte con el que limita Molledo hacia el oeste. Una fina lluvia cubre con una fina película los árboles de la Bolera y en ocasiones las hojas se atreven a soltar alguna lágrima. El sol aún permite que haya luz pero se adivina que por poco tiempo. Esa misma estampa debió de vivirla Miguel Delibes, uno de los máximos exponentes de las letras españolas de post guerra, premio Príncipe de Asturias y receptor de un montón de galardones de gran importancia, en sus numeroso veranos en Molledo cuando en compañía de otros niños saltaba los campos y se atiborraba de las manzanas verdes que nadie recogía de los árboles.

Me gusta imaginar que fue en Molledo donde Miguel Delibes comenzó a imaginarse a sí mismo como escritor, si es que alguna vez lo hizo. Sabemos que de esos tiempos nacieron Roque ‘el Moñigo’, Daniel ‘El Mochuelo’ y Germán, ‘el Tiñoso’, y quizá también  en cualquiera de sus estancias comenzó a pergeñarse una de sus obras singulares, ‘El Camino’, pieza imprescindible en la literatura del escritor vallisoletano que obtuvo el reconocimiento del público en forma de Premio Nadal en 1947 por la fantástica novela ‘La sombra del ciprés es alargada’. 

Delibes supo transmitir magistralmente la realidad de una época con la crudeza del que la ha vivido de primera mano

‘El periodismo ha sido mi escuela de narrador’, declaró en numerosas ocasiones el hombre cuya gran pasión no había dejado descubrir aún la naturaleza de su verdadero talento, el de cronista austero y evocador de una época dura en la que la lucha por avanzar escondía la desesperanza de un presente convulso. Amante del verso y la prosa pura, Delibes supo transmitir magistralmente la realidad de una época con la crudeza del que la ha vivido de primera mano y lo mismo hizo en la obra con la que homenajeó su niñez entre regatos e interminables praos que conducen a lugares que sólo un niño puede imaginar.

Muchos son los homenajes cosechados por Delibes en Valladolid, en Sedano (Burgos) y, aunque sea en forma más modesta, en Molledo. La admiración no entiende de categorías y en este pequeño pueblo cántabro sus habitantes no ocultan el orgullo de formar parte de la vida y la obra de uno de los personajes más importantes que ha dado el valle de Iguña, reconociendo formalmente su buen hacer con una calle y un busto conmemorativo obra del artista corraliego José Antonio Barquín. Hoy, la figura de Miguel Delibes es una continua fuente de inspiración para jóvenes y mayores, expresada en varios actos públicos y un certamen de relatos cortos que lleva su nombre. 

En mi recuerdo está el cariño que le profesaba mi padre, coetáneo y ocasional compañero de correrías en las épocas estivales de niñez vividas en el pueblo. Él siempre destacaba de Delibes su talla humana, quizá entendiendo que su talento como literato estaba fuera de toda discusión. Mi padre siempre decía la verdad, así que no me queda más remedio que reconocerle como un gran escritor que, sin embargo, fue una excelente persona que reconocía haber sido "el hombre más feliz del mundo” en Molledo.