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El declive de las grandes fundaciones supone un empobrecimiento irreparable

La actividad cultural, que nunca fue prioritaria para el Gobierno de Galicia, es hoy una mera apostilla de su organigrama. Diputaciones y grandes ayuntamientos compiten en ese desinterés.

El declive de las grandes fundaciones supone un empobrecimiento irreparable
La Fundación Barrié junto al Banco Pastor, en A Coruña. / RR SS
La Fundación Barrié junto al Banco Pastor, en A Coruña. / RR SS

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

Licenciado en Pedagogía. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE. Exconselleiro del Gobierno de Galicia y exsecretario de Estado del Gobierno de España. Columnista de MUNDIARIO.

La desaparición definitiva del Banco Pastor, que últimamente solo era una marca comercial del Banco Popular, se inscribe en la pérdida generalizada de empresas otrora punteras en Galicia. Aunque otras han surgido con impacto relevante y futuro, el tejido industrial se ha debilitado.

Esa desaparición, que se suma a la de las cajas de ahorros, tiene efectos colaterales en la cultura gallega. Durante el último cuarto de siglo, sendas instituciones culturales ligadas a las cajas y al Pastor, tuvieron una presencia constante y una relevancia indiscutible, promoviendo exposiciones y espectáculos, apoyando a investigadores, subvencionando a entidades civiles, editando obras de referencia o levantando una red de contenedores culturales en las distintas ciudades gallegas.

 

Sede de la Fundación Barrié, en A Coruña. / coruna.gal

Sede de la Fundación Barrié, en A Coruña. / coruna.gal

 

Desde el comienzo de la crisis tanto la Fundación Barrié, ligada al Pastor como la Fundación Abanca, dirigida por el banco de igual nombre, han reducido su actividad de forma notable, sin que otras instituciones públicas o privadas hayan ocupado su lugar.

La actividad cultural, que nunca fue prioritaria para el Gobierno autónomo es hoy una mera apostilla de su organigrama. Diputaciones y grandes ayuntamientos compiten en ese desinterés. Así, el declive de las grandes fundaciones citadas supone un empobrecimiento irreparable. Y aunque ha nacido otra gran fundación privada, sus responsables, legítimamente, la han orientado al ámbito socio-sanitario, tan relevante como distinto de lo que aquí comentamos.

Sobre la Fundación Abanca conviene recordar un hecho relevante, pues no es propiedad del banco sino heredera de las antiguas cajas, con cuyos beneficios, que no podían retribuir a los inexistentes accionistas, se construyó la modélica red de sedes locales y se sostuvo la actividad cultural. Con la normativa actual, las instituciones políticas citadas designan 17 miembros del patronato mientras nueve son designados por Abanca. Sin embargo ésta dirige la Fundación.

A este triste panorama cultural le falta un dato. La Xunta, que tanto ignora la cultura, financia la Fundación Ciudad de la Cultura con cerca de diez millones de euros anuales. Lejos de promover y dinamizar la actividad cultural esa cifra se consume en el mantenimiento del complejo de igual nombre, tan inservible que está siendo transformado en sede administrativa de organismos varios. Lo que podría ser un concepto movilizador de la mejor producción y exportación cultural, queda reducido al gasto improductivo en una infraestructura inútil.

Como siempre, la Xunta, ni sabe ni contesta.